El horno no está para padres fundadores

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Finalmente, después de varios intentos por realizar la denominada reforma política del Distrito Federal, ésta ya es una realidad. La primera de las tareas para implementar dicho cambio constitucional será la discusión y la emisión de una Constitución Política para la Ciudad de México. Respecto del contenido de dicho documento, me parece que éste debe ser fiel al espíritu de cualquier ejercicio constituyente que se respete: debe reivindicar los derechos de los ciudadanos ante el gobierno y sus tentáculos; debe contar con una parte dogmática de avanzada en materia de derechos humanos pero esclarecedora de las obligaciones de los ciudadanos; debe contar con un diseño del aparato público moderno, eficiente, el más transparente de toda la Federación, el que mayores y mejores mecanismos de rendición de cuentas posea y el que dé el mayor impulso posible a una participación ciudadana imaginativa, responsable e innovadora. El novedoso esquema de alcaldías y concejos delegacionales deberá ser idóneo, evitando fomentar más burocracia, grillas y reparto de cuotas de poder. Todo lo contrario, deberá ser ejemplar en cuanto a su conformación y de vanguardia en términos de lo que debe ser considerada su misión más importante: quitar lo opaco y lo corrupto a los gobiernos delegacionales unipersonales de hoy en día. Me preocupa el tufo cupular y antidemocrático que se percibe en el diseño del denominado Constituyente, por lo que me adhiero desde luego al reclamo para que el texto constitucional pase por la prueba del referendo popular antes de ser promulgado. Con tantos problemas qué resolver en la ciudad, el horno no está para padres fundadores. Nota * Licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM. Se ha desempeñado como subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales de la Procuraduría General de la República y comisionado para el Desarrollo Político en la Secretaría de Gobernación.