La independencia del juez: ¿una fábula?

La independencia del juez: ¿una fábula?

Francisco Sosa Wagner

La Esfera de los Libros, Madrid, 2016

 

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Desde la Constitución de Cádiz (1812), uno de los ingredientes esenciales de la democracia es la separación y la independencia de los jueces. Así se considera, al menos en España. Así lo enuncia, también, una sentencia emitida en 2012 por el Tribunal Constitucional de ese país.

Francisco Sosa, catedrático de la Universidad de León y antiguo diputado del Parlamento Europeo pretende demostrar en su más reciente libro que el Poder Judicial independiente es una fábula. Lo que importa, y lo que sí se puede, en cambio, es que los jueces sean independientes.

Para argumentar su postura, divide el libro en cinco capítulos en los que aborda los siguientes temas: la resistencia del poder político a asumir la independencia de los jueces; lo que pasó con el Poder Judicial español después de la Constitución de 1978; cómo renovar el Poder Judicial; la labor y la independencia de los fiscales y, por último, los jueces y los tribunales constitucionales.

La obra expone brevemente las teorías constitucionales de Hans Kelsen y Carl Schmitt y la importancia de la obra de David A. Strauss para la justicia constitucional estadounidense. Ejemplifica la justicia constitucional al explicar la función y la integración del Tribunal Constitucional en Alemania, del Tribunal Supremo de Estados Unidos y del Conseil Constitutionnel francés. Posteriormente, analiza los precedentes del Tribunal Constitucional español antes de abordar el tribunal en la actualidad.

Aunque el autor se concentra en España, sus reflexiones consideran a la justicia y a los jueces en todo el mundo para replantear el debate que se ha dado en torno del sistema judicial. Lo que Sosa busca no es que el lector esté de acuerdo con los argumentos que expone, sino que la discusión ya no se dé en un plano superficial.

El libro, así, no sólo es una herramienta para que los no abogados entiendan los problemas que enfrenta el Poder Judicial, sino una denuncia de la perversión que plaga al sistema judicial actual y una propuesta para arreglar algunos de las deficiencias actuales. El autor concluye que, para logar la independencia del juez, la receta es clara: que en su labor solamente esté sometida a la ley, alejándose de los aspectos políticos y asociativos.

Deben existir pruebas públicas de su ingreso al Poder Judicial y tener alguna especialización como jurista y un sueldo digno, entre otras cosas. Si se entiende así, la independencia judicial no es una fábula.

La obra es de especial relevancia para una sociedad como la mexicana, en la que la independencia de los jueces existe sobre papel pero no siempre se ve reflejada en el funcionamiento del Poder Judicial. La politización del nombramiento de los jueces (pensemos sólo en los magistrados electorales), del papel que juegan y del uso de la toga como una herramienta para que los partidos políticos se asocien y todos ellos salgan ganando, en detrimento de la sociedad, son problemas que enfrenta México y que pueden ser resueltos tomando en cuenta las consideraciones de Sosa.