De acuerdo con el Observatorio Laboral, en México se encontraban matriculados 291,685 estudiantes en la carrera de Derecho para el ciclo 2014-2015, al tiempo que egresaron 47,969, cifras que hacen imposible ignorar la realidad en la que viven y socializan los abogados de la Generación del Milenio. José Ramón Cárdeno Shaadi, experto en Derecho educativo y en propiedad intelectual, dibuja el escenario en el que se desarrollará la actividad de estos jóvenes profesionales, de la mano de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
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¿Por qué le parece importante hablar del abogado del futuro, más que del abogado del presente?
El Derecho es un elemento de la naturaleza social sin el cual no se podría ordenar la vida pacífica, ni habría un desarrollo en comunidad. Diariamente se publica algo de Derecho, y a diario se crea el Derecho. Sin embargo, del Derecho se escribe cómo es, cómo fue, y nada acerca de cómo será.
Alguien que apenas inicia sus pasos por esta ciencia tiene su alma jurídicamente limpia, lo que le permite idear el futuro que desea vivir en carne propia. Ese sueño lamentablemente se olvida con el ritmo que impone el ejercicio de la profesión, que nos absorbe en un interés presente, y no en la preparación jurídica del mañana.
Por eso la relevancia de hablar del abogado del futuro, y del Derecho en el futuro, tomando en cuenta las distintas culturas jurídicas del mundo, los avances que existen en otros sistemas judiciales, pero, sobre todo, la realidad con la que vive y socializa la juventud llamada millenial.
¿Cómo imagina el ejercicio del Derecho en la próxima década?
La principal constante de este milenio es la velocidad, el uso de la tecnología digital en el Derecho, y de las redes sociales como el medio de comunicación. En los últimos 50 años el ingenio creativo de la humanidad ha avanzado más que en el resto de los siglos juntos.
Imagina la siguiente escena: es 30 de enero de 2021, 8:00 de la mañana. Suena la alarma y revisas el brazalete con pantalla que tienes en el brazo. Tu calendario digital avisa: “Tienes conferencia con el cliente X”. En ese momento un programa digital te proporciona sus datos (accesibles en la red), te envía un resumen del tema que vas a tratar (que el mismo programa preparó con la información que le proveíste con tu voz y que ésta localizó y organizó), así como las notas relevantes (tomadas de la nube que contiene una base de datos compartible según las autorizaciones de cada uno). A continuación aparece un botón virtual que enlaza a la legislación y los criterios útiles seleccionados por el mismo programa —on hand— para este tipo de temas (software inteligente que supera LexisNexis, Bloomberg Law, Westlaw, vLex, etcétera). Dicho software novedoso guarda en una base de datos automática el tiempo dedicado al cliente, evalúa su desempeño, le agenda una nueva cita y abre una ventana para que dicte sus notas, que son enviadas al superior jerárquico en el tema (pues se labora cada vez más por proyecto determinado, con especialistas en el tema, y cada vez menos en una estructura rígida laboral).
¿Entonces el ejercicio de la profesión estará condicionado por el uso de la tecnología?
Hoy en día somos testigos de cómo los profesionales del Derecho utilizan las redes sociales como Facebook, o los espacios de microblogging a manera de Twitter, y nuevas apps que evolucionan en una programación que ya no es binaria.
Los juristas en evolución comparten sus intereses y sus vivencias —cada vez más individualizadas—, en Instagram, Vimeo, Periscope o análogos; se suman a campañas virales de temas jurídicos sobre los que les interesa opinar a través del post que administra su community manager, o del blog jurídico de la barra u órgano colegiado del que son parte. En un soplo seleccionan la información jurídica que les interesa aprender y organizan las horas en que lo harán; buscan on line las respuestas que les envían los expertos a quienes consultan sus dudas, bajan de la red los formatos jurídicos disponibles —para no perder tiempo en crearlos— y aprovechan todas estas herramientas para realizar su trabajo jurídico con mayor contenido de fondo.
¿Cuáles serán las fortalezas de estos nuevos profesionales del Derecho frente a los abogados "tradicionales"?
Desde su vestir hasta su atención, el abogado del futuro será mucho más relajado, más no por ello menos calificado. Tendrá acceso a más información y la obligación de estar permanentemente actualizado, a través de mejores herramientas tecnológicas que faciliten su ejercicio profesional. Será menos pose, menos facha y más vena con contenido. Será un facilitador, un solucionador de problemas. Se concentrará más en el fondo y menos en la forma; la tendencia será flexibilizar su actuar. Estará mejor comunicado y, por ende, mejor relacionado; tendrá acceso simultáneo al conocimiento que le transmitan expertos en los temas ubicados en distintas latitudes, al tiempo que consultará los precedentes judiciales, el Derecho comparado, los criterios de la Corte, y en el mismo momento multitrabajo atenderá a distancia a sus clientes. Medirá su eficiencia minuto a minuto con sistemas de rendimiento o cobranza; enviará por correo —utilizando las plataformas de la información— las promociones a los juzgados, las solicitudes administrativas, las audiencias y los procesos jurídicos on line. Será una vida sin barreras, con relaciones globales, acceso ilimitado de información, costos cada vez menores y el Derecho universal al alcance de un botón.
Y desde el espacio en el que ejerza el Derecho, estará permanentemente vigilado; su currículo dejará de ser una hoja de vida y su presentación será aquella información pública de su vida que aparezca en internet, por lo que prestará especial atención a su perfil. Complementarán lo anterior las redes sociales, como principal disuasor del error, la corrupción y el mal quehacer.
¿Realmente cree que la tecnología puede poner un freno a la corrupción?
La corrupción es la peor conducta de la inteligencia. Para poder desarrollarse, una sociedad requiere que existan garantías mínimas, a las que hemos llamado Estado de Derecho. Cuando se respeten los derechos que tenemos los unos y los otros se podrá vivir en armonía y se darán las condiciones para la creatividad y el desarrollo en todos sus ámbitos y formas.
Nada duele y lastima más a las personas y frena tanto la evolución como la impunidad de quien delinque, de quien vive abusando de los demás. Parafraseando a Cicerón: “Solamente habrá paz cuando esté garantizada la justicia”.
El abogado del futuro, por la misma dinámica con que va avanzando el mundo, utilizará sin miedo las herramientas tecnológicas para denunciar la corrupción, y las redes sociales para hacer viral su frustración y así presionar el castigo. Simplemente no permitirá la impunidad, y sus colaboradores y sus compañeros de barras o colegios, por la sencillez de sumarse a una campaña de este tipo, se incluirán en su apoyo.
Hoy en día no parece suficiente con denunciar la corrupción a través de las redes sociales. ¿Cómo puede aterrizar esa denuncia en la actividad de las autoridades?
Las redes sociales poco a poco están supliendo a los medios de comunicación y la publicidad actuales, y por ende son el gran acelerador del desarrollo. Esta vigilancia constante provocará que el servidor público sea más transparente, e igualmente evaluado de manera constante. Por la misma naturaleza del cambio que viviremos, la principal autoridad responsable de combatir la corrupción, evaluar, sancionar y, principalmente, provocar el bien hacer de la res publica, será el Poder Judicial, y no el Poder Ejecutivo.
Con relación a la actividad legislativa, no será con más leyes ni mayores penas como se logre el avance del mundo y se combata el mal de la corrupción, sino aplicando las legislaciones existentes de manera eficaz, bajo el manto de una cultura común de respeto, que está aún por madurar. En el futuro, quien no respete el derecho de los demás ni cumpla con sus obligaciones públicas, tendrá un castigo público garantizado.
¿Por qué afirma que en el Poder Judicial se encuentra la solución del combate a la corrupción y que será responsable del destino del desarrollo del país?
La sociedad se duele de la corrupción, pero aún más de la impunidad. Eso es lo que más le lastima. Y eso lo entiende muy bien la generación de los llamados millenials. Analizo y veo un México que se está trasformando, que está creando su nueva identidad. Tenemos una democracia muy joven aún, con una rica cultura centenaria. Las instituciones que se han construido requieren solidez, pues son la única opción viable para lograr un futuro con paz y evolución. Afortunadamente las instituciones no dependen de personas fijas, dueñas del espacio, sino que van rotando y cumpliendo su ciclo evolutivo. En la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación tenemos un gran ejemplo. Los criterios de la décima época no son los mismos que los de la novena época, pues el Derecho evolucionó. De igual manera lo ha hecho la transparencia en el Poder Ejecutivo, cuya responsabilidad de entregar cuentas a la sociedad será cada vez mayor. Por su parte, el fuero tenderá a desaparecer, sobre todo en el Poder Ejecutivo (como atinadamente lo propuso al Congreso del Estado el gobernador de Veracruz). Todo lo anterior derivado del hecho de que los ciudadanos cada vez estamos más preparados, y en el futuro lo estaremos aún más, para evaluar a quienes tienen la obligación de administrar los bienes con el fin de exigir una gestión pública mejor. De esta necesaria dotación de solidez institucional deriva la autoridad del Poder Judicial sobre los demás. Sólo el juzgador puede mantener el equilibrio al obligar al cumplimiento de la ley, a todos los seres bajo su imperio, a través del respeto al derecho propio y ajeno. Considero que en el futuro los tribunales llevarán el peso del desarrollo.
¿Qué implicaciones tendrá el desarrollo de la tecnología en el ámbito judicial?
El control tecnológico de expedientes digitales, inalterables, accesibles en todo momento desde cualquier lugar del mundo, en procesos en línea, con juzgadores altamente capacitados y constantemente vigilados, hará que el juez, el magistrado y el ministro sean sujetos permanentes de vigilancia en su actuación, la cual será cada vez más pública y cada vez más transparente. Sin las limitantes de las notificaciones físicas, sin la terrible tentación del litigante, sin un sistema de justicia costoso, sin papel, sin traslados, el verdadero paladín del desarrollo será, sin duda, el Poder Judicial, una institución honorable, de hombres y mujeres preparados, de peritos del Derecho imparciales, íntegros y honestos, en la que hay tolerancia cero al error y a la corrupción, y una oposición a ultranza a violentar el Estado de Derecho. Es el único poder que garantiza decisiones generadas por un cuerpo colegiado especializado, con procesos revisores de las decisiones inferiores, el único órgano dotado de verdadera auctoritas y potestas para imponer el castigo debido. Es el elemento que si es débil propiciará lo que hoy ocurre en Brasil y si es fuerte impulsará el desarrollo de los países, precisamente porque protege su valor principal: el respeto al Derecho.
¿Qué consecuencias tendrá este desarrollo en materia de derechos humanos?
Las discusiones en torno a derechos como al aborto, la eutanasia y la ortotanasia, relativos a las preferencias sexuales, a la identidad, a igualdad y a la paridad de género, serán tan absurdas como hoy en día lo es la discusión acerca del derecho a la vida en nuestro país. Simplemente esas definiciones irán avanzando hacia las libertades individuales.
Evidentemente las ramas del Derecho mantendrán su existencia, su estructura y su ingeniería jurídica. Lo que cambiará serán los supuestos jurídicos y sus consecuencias, aplicables a situaciones que hace unas décadas eran imprevisibles y que trajeron consigo las tecnologías, como hoy en día pudieran ser las derivadas de la propiedad intelectual. Habrá una atención especial al servicio público y al Derecho administrativo, así como al Derecho laboral. Los servidores públicos verán limitada su actuación discrecional y la tecnología irá eliminando las posibilidades de delinquir, de ocultar bienes mal habidos, generando una nueva cultura en consecuencia. Por su parte, ante el inminente fracaso de las pensiones y la demanda laboral, esta rama del Derecho sufrirá algunos cambios, pues cada vez habrá menos empleadores y más trabajadores autónomos que ofrezcan sus servicios sin exceso de derechos adquiridos. La pirámide poblacional hará imposible e insostenible que existan los derechos que hoy están reconocidos. Por la misma realidad que ya afrontan muchos países que llegaron a esa situación poblacional antes, muy pronto seremos testigos de grandes cambios en la materia. Ante la competencia universal, la especialización será la clave del éxito individual.
José Ramón Cárdeno Shaadi es abogado por la Escuela Libre de Derecho (México), maestro en Derecho educativo y en propiedad intelectual por el Franklin Pierce Law Center (New Hampshire, Estados Unidos), y doctor en Derecho por la Universidad Panamericana. Estudió los posgrados en Derecho intelectual asiático por la Tsinghua University (Beijing, China) y el doctorado en Derecho mercantil en la Universidad Complutense de Madrid (España), además de varios programas en Derecho intelectual en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (Ginebra, Suiza). Entre sus publicaciones se encuentran Las patentes de software, La procuración fiscal y El ABC de la consejería jurídica y el Derecho administrativo.