Porrúa, México, 2017
En épocas recientes la violencia se ha apoderado de los contextos sociales, culturales, políticos y económicos. Los datos de denuncias, investigaciones criminales y sentencias, así como de encuestas de percepción de inseguridad, muestran un panorama sombrío en diversos países de Centroamérica y Latinoamérica, donde la violencia urbana ha crecido a ritmos inusitados. Aunada a esta violencia social proveniente tanto de la delincuencia común como de la delincuencia organizada, también existen indicios respecto de la violencia institucional que generan diversas autoridades locales y estatales de distintos ámbitos de la política pública.
En este sentido, Estado y violencia. Rasgos y rostros, obra coordinada por Cisneros, Estrada y Peñaloza, reúne a un grupo de personas dedicadas a la investigación académica para abordar, desde una meseta multidisciplinar, las expresiones de las múltiples violencias que ocurren en México y en otras latitudes (guerra, narcotráfico, feminicidio, violencia urbana, violencia familiar, entre otras) y el papel que en ellas tiene el Estado contemporáneo, sea como autor directo (por acción y omisión) de desapariciones forzadas, torturas o ejecuciones arbitrarias, o bien como autor indirecto, a través de fenómenos como la pobreza, el desempleo, la desigualdad social, la corrupción, la desconfianza institucional y la hipervigilancia.
A lo largo de sus 13 capítulos, esta obra analiza las modificaciones que han sufrido los entes criminales y las instituciones del Estado. Ya no se trata sólo de aquella delincuencia solitaria y marginada, pues hoy se ha dado paso a una delincuencia cada vez más compleja y organizada. El Estado, por su parte, se ha visto reconfigurado en varias de sus atribuciones por medio de diversos factores externos, tanto económicos y sociales como políticos, lo que ha hecho emerger, en lugar de un Estado benefactor de posguerra, un Estado de exclusión, de indefensión y de excepción.
Si bien ésta es una obra que apuesta por un pensamiento crítico que cuestiona el sentido común y los consensos que circulan en torno de la violencia y la criminalidad actuales, también abre un debate en relación con el hecho de magnificar (represión aislada y descentralizada, no sistemática o centralizada) o simplificar (la entidad estatal es una compleja red de interconexiones) el papel del Estado en esos escenarios.
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