Jimena Cándano

Reinsertemos a los delincuentes en la sociedad

Jimena Cándano

Con más de 30 años trabajando a favor de la justicia social a través de la prevención del delito, la fundación Reintegra ofrece a los jóvenes que han caído en las redes de la delincuencia capacidades y herramientas para crear un proyecto de vida y volverse agentes de cambio en su vida, en su familia, en la comunidad y en nuestro país. Jimena Cándano, directora de Reintegra, nos habla del trabajo que realiza la fundación, en el marco de la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes

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¿En qué consiste y cuál es la trascendencia de la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes?

Lo más trascendente es que es una ley nacional, lo cual significa que, sin importar en qué estado se encuentren, los adolescentes tendrán el mismo acceso a la justicia y del mismo modo a los modelos de reinserción, pero sobre todo a la libertad. Es una ley que deja atrás el tutelarismo y privilegia la protección de los derechos humanos y los juicios orales. Es un primer esfuerzo para lograr que la justicia de adolescentes tenga la misma importancia que la justicia para adultos.

Como lo hemos dicho muchas veces, tenemos una deuda histórica con los adolescentes. Teóricamente, desde hace varios años deberíamos haber tenido un sistema acusatorio, especializado y funcional para ellos.

¿Qué puntos de la ley fueron impulsados por las organizaciones civiles?

Se impulsó el principio de mínima intervención, lo que significa que siempre se debe privilegiar la libertad en el caso de los adolescentes. Las medidas deben estar relacionadas con la conducta, con la intención de que el adolescente comprenda que lo que hizo estuvo mal y pueda llevar un proceso de reinserción que lo ayude a ser un agente de cambio positivo en el futuro.

Se construyó un modelo de justicia restaurativa con soluciones alternas, como acuerdos reparatorios y suspensión condicional del proceso, así como mecanismos alternativos de solución de controversias. Cabe mencionar que éstos están ajustados a la justicia para adolescentes, que nunca debe ser la misma que para adultos.

La iniciativa que presentamos con el apoyo de nueve senadores de diferentes grupos parlamentarios fue creada con base en el trabajo de campo. Nuestra intención era generar una ley ejecutable que privilegiara la reinserción desde las experiencias exitosas, siempre tomando en cuenta a todos los actores.

¿Se trata de un marco normativo óptimo y eficiente para los adolescentes? ¿Qué otras adhesiones serían necesarias?

A la ley que fue aprobada por el Senado aún le falta trabajo. Constituye un buen esfuerzo pero hay varios puntos que no nos tienen satisfechos.

No debería existir un capítulo de prevención en el seno de una ley de justicia. Es un tema totalmente diferente. Nosotros creemos que la prevención es vital para evitar que los jóvenes se vean involucrados en conductas delictivas; sin embargo, el capítulo acerca de la prevención debería estar en otra ley distinta, ya que confunde la finalidad de esta ley, que es atribuir responsabilidades.

Falta armonizar la ejecución de medidas con la especialización en el caso de adolescentes, pues sigue estando basada en un sistema para adultos y la forma, que es fondo, no da la importancia a la liberad. Por ejemplo, en lugar de hablar de medidas en libertad habla de medidas no privativas, como si lo principal fuera la privación de la libertad.

Otro tema que nos preocupa es la definición errónea en el artículo 29 del término reinserción social: “Restitución del pleno ejercicio de los derechos y libertades tras el cumplimiento de las medidas ejecutadas con respeto a los derechos humanos de la persona adolescente”.

La reinserción no consiste en restituir sus derechos a los jóvenes; más bien constituye un proceso en el que se debe trabajar con el adolescente en una etapa previa a la conclusión de su medida para que él pueda lograr una plena autonomía y una integración exitosa a la sociedad.

Nos preocupa que no se logren los fines deseados.

Estamos conscientes de que éste es un gran esfuerzo y estamos muy contentos de que se haya logrado; seguiremos trabajando para que a futuro se mejore esta ley. Ahora nos toca ocuparnos también de que se logre una buena implementación en los estados y, junto con otras organizaciones, trabajaremos para aportar nuestros conocimientos a que esto suceda.

¿Cómo trabaja Reintegra en la reinserción social de los adolescentes?

Para nosotros es muy importante que la familia siempre esté de la mano con el adolescente; sabemos que muchas veces no hay ningún familiar que pueda hacerse cargo de él. En ese caso buscamos a un adulto: un tío, un padrino o un vecino, que pueda ser un referente; porque al final ese será el ejemplo que seguirá el joven.

Realizamos un diagnóstico individualizado para el adolescente y para la familia, a partir de lo cual comenzamos a trabajar para desarrollar las capacidades y las habilidades individuales y como familia. Tenemos diferentes tipos de terapias: individual, grupal y familiar, y contamos con pláticas y talleres para los padres de familia, además de un grupo del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), que no sólo está pensado en los adolescentes, sino también en los padres.

Desarrollamos una actividad que siempre llama mucho la atención a la gente, que se llama “Vida cotidiana”, en la que los jueves comen juntos los adolescentes y sus padres. Suena algo muy simple, porque estamos acostumbrados a sentarnos a comer con alguien enfrente; sin embargo, hay mucha gente que no lo hace. Esta actividad ayuda a reaprender cómo es la vida cotidiana, la comunicación y la resolucion de conflictos de manera no violenta.

Trabajamos desde esos pequeños detalles hasta el manejo de control de impulsos a través de actividades que intentamos que sean lúdicas y divertidas para que los chavos aprendan viviendo la experiencia y no mediante un sermón. También abordamos el tema del consumo de sustancias tóxicas, entre muchos otros tópicos.

¿Qué sucede cuando los adolescentes regresan a su vida cotidiana?

Nos han sugerido que instalemos una casa de medio camino porque el joven regresará a la misma colonia violenta de donde es originario. Pero esa es la realidad, y no podemos sacarlo de ahí por el resto de su vida; no obstante, lo que sí podemos hacer es enseñarle a que viviendo ahí aprenda a desarrollar las habilidades para tener factores de protección.

De repente nos cuentan: “Iba yo caminando y uno me chifló; ya le iba a pegar. Pero recordé que necesito controlar mis impulsos. Pensé en mi factor de protección”.

Y es que al final del día van a regresar a vivir ahí. Trabajamos el día a día con ellos y con sus familias. Una madre me platicaba que ella creía que pegándole a su hijo podía educarlo, y después de mucho tiempo entendió que no era así. Lo que ocurre es que a ella así le enseñaron y pensó que era la forma correcta.

Sabemos que los adolescentes tienen habilidades y todas las capacidades que necesitan, pero simplemente no las han desarrollado. Trabajamos desde el ámbito individual, familiar y comunitario para que ellos vayan aprendiendo qué los acerca y qué los aleja de esas conductas que los ponen en riesgo.

¿Qué programas tiene Reintegra para prevenir conductas delictivas?

Tenemos un centro de prevención comunitaria en la colonia Guerrero y en La Lagunilla. Desde hace 17 años nos abocamos a la prevención secundaria con jóvenes que se hallan en comunidades en riesgo, donde la violencia y el delito están presentes, con la intención de generar habilidades y capacidades para que no caigan en conductas delictivas y no se encuentren en conflicto con la ley.

Trabajamos en escuelas, con padres, maestros y alumnos, con una intervención de dos años por colegio. La idea es trabajar primero, segundo y tercero de secundaria, o cuarto, quinto y sexto de primaria; pero, de manera general, conscientes de que el joven que se encuentra en primero le tocará segundo y tercero; así se afianzará más el conocimiento y la relación con los maestros y con los padres de familia.

Tenemos talleres de arte, teatro y cultura en las mismas escuelas, algunos en el Centro y otros en espacios públicos. Además, tenemos un equipo de futbol. En La Lagunilla contamos con un espacio deportivo, el Deportivo Guelatao. Es impresionante: tiene alberca semiolímpica, canchas y espacio para karate. Pero empezamos a darnos cuenta de que los chavos no querían usarlo porque siempre estaba en la puerta de entrada un policía mal encarado, el recinto estaba enrejado y los adolescentes lo veían como un recinto de autoridad donde podían ser juzgados. Por su parte, los policías desconfiaban de los chavos porque pensaban que seguramente eran vándalos que iban a robar a los demás. Entonces empezamos a trabajar todos los viernes con este equipo de futbol conformado por niños y niñas de 12 a 15 años de edad.

¿Qué resultados han tenido?

Poco a poco ha ido cambiando la percepción tanto de los jóvenes como de los policías. La idea es intervenir con estos niños mediante el deporte, explicándoles las normas de conducta y las consecuencias de no cumplirlas, además de señalarles la importancia del respeto y el juego limpio. Todo lo que está relacionado con la vida, pero desde la perspectiva del futbol.

La segunda parte de la intervención consiste en verificar cómo empieza a apropiarse la comunidad de ese espacio para poder utilizarlo. Lo mismo hemos hecho con la Plaza de Garibaldi, donde tenemos actividades culturales comunitarias.

Cuando se elaboró el diagnóstico nos dimos cuenta de que los niños volaban papalotes en las azoteas. Era muy peligroso porque además de que los pequeños se podían caer, los papalotes se atoraban en los cables de alta tensión. No bajaban a las plazas porque estaban ocupadas por los indigentes. En el caso de la Plaza de Garibaldi, por los mariachis, las prostitutas y los vagabundos. Por eso, desde hace siete u ocho años hicimos una intervención. En un mes llevamos a cabo cuatro sesiones en diferentes puntos de La Lagunilla y la Guerrero, donde enseñamos a los adolescentes a construir papalotes y a pasar un buen trato con los vecinos.

Los niños se comprometen con su comunidad a no decir groserías, a ayudar a sus vecinos, a ser factores de cambio. Después de esas cuatro semanas se organiza un evento en Garibaldi donde los niños van a volar sus papalotes. A veces algunos mariachis se sienten invadidos, pero la verdad es que a las 12 del día no les afecta que los jóvenes ocupen la plaza para realizar sus actividades. Hay otros mariachis, en cambio, que se repliegan, porque entienden que ese es el momento en que los pequeños utilizan dicha plaza, además de que muchos niños son hijos de esos mismos mariachis.

También contamos con un área psicoafectiva, en la que los psicólogos hacen escucha informal, tanto en escuelas como en la comunidad, y después ofrecen terapia individual, grupal y familiar. Asimismo, contamos con talleres productivos de serigrafía, gastronomía y corte de pelo. La idea es que los adolescentes aprendan estos oficios con la intención de que luego busquen un empleo.

Antes teníamos, o intentamos tener, una bolsa de trabajo. Sin embargo, las empresas que contrataban a los chavos los despedían y éstos se quedaban con la idea de que no encajaban en el mundo de la legalidad. Por eso la idea es trabajar con ellos un año más después de que concluya su medida de intervención. Hoy, por ejemplo, 17 adolescentes ya cuentan con su propio taller de serigrafía, lo que significa que son 17 microempresarios que van a empezar a dar trabajo a más jóvenes y que buscan dar una segunda oportunidad a alguien más.

¿Quiénes apoyan a Reintegra?

Nos apoyan muchos donadores individuales. La verdad es que estamos muy contentos porque pocas organizaciones pueden afirmar que 40 por ciento de su presupuesto proviene de donadores individuales, empresas y despachos de abogados; el resto tiene su origen en fundaciones de segundo piso nacionales e internacionales.

Hay millones de formas de ayudar; como toda organización, nos urge el dinero. Para nosotros es muy complicado conseguirlo, sobre todo por el asunto al que nos abocamos. Los donativos son difíciles de conseguir.

Otra forma de ayudarnos es haciendo pedidos al taller de serigrafía, por ejemplo para imprimir playeras, tazas, termos, encendedores y cualquier otro artículo promocional. Esto nos ayuda muchísimo porque así podemos apoyar a los jóvenes y al mismo tiempo obtener recursos para la fundación.

Nos ayuda que den a conocer la labor y la importancia de trabajar en este tema. Todo es viable y bien recibido, desde donativos en especie hasta monetarios. Las entregas se pueden hacer en la fundación, ubicada en la calle Amores número 32, colonia Del Valle, delegación Benito Juárez, en la Ciudad de México. En nuestra página de internet se pueden encontrar los datos necesarios para donar (www.reintegra.org.mx).

Atender a cada joven con un familiar cuesta aproximadamente 50,000 pesos al año. Puede parecer mucho dinero pero la verdad es que no lo es, ya que nuestra tasa de éxito es de 96 por ciento, lo cual implica que devolvemos agentes de cambio al país y eso representa un buen ahorro para todos.

La fundación Gonzalo Río Arronte hizo una evaluación a través de una consultora estadounidense(AT Kearney) para medir nuestra tasa de retorno social. Por cada peso que alguien dona a Reintegra ésta devuelve a la sociedad 13.08 pesos. Ese es el ahorro social al invertir en un proyecto como éste.

 


 

Jimena Cándano Conesa es licenciada en Derecho por la Universidad Iberoamericana y cuenta con una maestría en administración pública, con especialidad en organizaciones sin fines de lucro, por la Universidad de Nueva York.

Se ha desempeñado como directora de Investigación y Análisis, directora de Comunicación y directora de Vinculación y Estrategia en la Presidencia de la República. Desde febrero de 2014 es directora de Reintegra (Fundación Mexicana para la Reintegración Social, A.C.).