Anagrama, Barcelona, 2017
En los últimos años se han publicado numerosas monografías sobre los crímenes del nacionalsocialismo y sobre la construcción de la respuesta aliada de las primeras Naciones Unidas a los mayores responsables nazis con su enjuiciamiento por un tribunal penal internacional. Sus efectos sobre el concepto de la responsabilidad penal en estructuras de poder y sobre el nacimiento del Derecho penal internacional son evidentes.
La atrocidad de los hechos y de sus autores logró retratarla Jonathan Littell —un judío estadounidense que escribía en francés y que vivía en Barcelona— en Las benévolas (RBA, Barcelona, 2007), Premio Goncourt 2005, y en una síntesis de su extraordinaria tesis de Estado en español, de 2010: Creer y destruir (Acantilado, Barcelona, 2017).
El interés por Núremberg y todas sus dimensiones ha comenzado a manifestarse ampliamente, sobre todo desde el tiempo de la creación de la Corte Penal Internacional. A su vez, se han abierto los archivos de la Comisión de Naciones Unidas para Crímenes de Guerra, cerrados durante las primeras semanas de la Guerra Fría a finales de 1948 y que se habían convertido en el “secreto mejor guardado” en este campo, como dice William Schabas, al organizar el primer congreso en 2013 sobre esta cuestión.
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