En México la economía se alimenta en gran medida por pequeñas y medianas empresas, las cuales participan en todos los ramos de cualquier industria o mercado. Logren o no tener éxito, emplean a ocho de cada 10 mexicanos y aportan 52 por ciento del producto interno bruto, según cifras del Instituto Nacional de Estadístiga y Geografía.
Los emprendedores detrás de estas compañías, expertos o debutantes, se enfrentan a un mismo problema: los abogados; ese tipo de personas bien vestidas y de buen gusto que cobran por casi cualquier cosa. Sinónimo de gasto, pareciera que esto no aporta ningún valor adicional al producto o servicio del cliente.
“Aunque no nos guste, los emprendedores odian a los abogados —dice el licenciado Fernando Córdoba, socio de la firma Lex Legal México—. Los emprendedores no asignan valor al trabajo legal. Sienten que pagan por algo que ellos mismos podrían hacer [utilizando] algo así como un machote universal. La mayoría ni siquiera asigna gastos legales en su plan financiero.” Agrega que los emprendedores tienen la percepción de que los abogados sólo son para resolver problemas, en lugar de prevenirlos.
“Quien dude de lo anterior debe voltear a ver las decenas de apps y sitios en línea que buscan sustituir a los abogados con plataformas de auto-servicio legal —señala el abogado y también maestro en administración de empresas—. El futuro no está en las antiguas formas de los despachos; se encuentra en las expectativas de las nuevas generaciones.”
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