Para conmemorar el centenario de la promulgación de la Constitución de 1917, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) publicó la obra Centenario de la Constitución de 1917. La participación militar en la consolidación institucional. Esta obra tiene una notable relevancia. La razón fundamental es que consiste en una revisión histórica de la participación de miembros del Ejército Federal en las discusiones para la elaboración de la Constitución.
La obra emana, como un producto, de la riqueza documental que contiene el Archivo Histórico de la SEDENA. Hay que decir que ése es un archivo que pocos historiadores han explorado. De tal suerte, esta obra nos permite vislumbrar cuán importante es salvaguardar documentos y evidencias referentes al desarrollo de la labor militar. La información es de vital importancia en lo concerniente al origen, la organización y el desarrollo del ejército, evidenciando su valía informativa, y revela un cúmulo de información del quehacer militar que se desconoce a detalle.
Hay que reafirmar que los archivos históricos no sólo nos sirven para administrar y guardar la memoria de un país, sino también como fuentes para la investigación del pasado.1 Pero, ¿por qué son trascendentales los archivos históricos en una indagación? La respuesta a esta cuestión podemos establecerla al detallar que en los archivos ubicamos a las fuentes primarias, motor de toda investigación, y este material asequible, en congruencia con Edward Carr, son “datos y documentos esenciales para el historiador. Pero hay que guardarse de convertirlos en fetiches. Por sí solos no constituyen historia; no brindan […una] respuesta definitiva de la fatigosa pregunta de qué es la historia”.2
En este sentido, la investigación histórica no debe confundir, en las fuentes documentales, el contenido documental con “el hecho histórico”, sobre todo si el componente es extenso, atrayente, encantador, repleto de pormenores. Pues se olvida que el hecho ya acaeció y que lo que tenemos ante nosotros sólo es un atestiguamiento de su objetividad previa. Aunque los eventos pueden hallarse plasmados, como testimonio, en algún documento, no es éste un hecho histórico en sí, sino su imagen. Ahora bien, al estar investigando tal vez un solo documento no nos detalla nada, pero percibidos en conjunto, una serie, es cuando se podrá discurrir algo. En este sentido, nuevamente Carr expone: “Los hechos sólo hablan cuando el historiador apela a ellos, él es quien decide a qué hechos se da paso, y en qué orden y contexto hacerlo”.3 Pero como conjetura De Certau, “desde la recopilación de documentos a la redacción del libro, la práctica histórica es por entero relativa a la estructura de la sociedad [...] y los estudios sobre temas más vastos no escapan a esta regla; lo que ocurre es que la unidad social de que dependen ya no es del mismo tipo”.4
De tal manera, la obra editada por la SEDENA presenta diversos aspectos que van desde plantear el devenir de las diversas constituciones, así como de otros ordenamientos que rigieron la vida del país durante el convulso siglo XIX. Luego se centra en la participación militar en la redacción de la Constitución de 1917. Como sostiene el texto son “visibles por lo menos tres diferentes ideologías políticas en su integración; desde la participación de los diputados maderistas, los moderados que buscaron imponer un federalismo mesurado, hasta la intervención del grupo representado por el general Francisco J. Múgica, facción que determinó el contenido social y vanguardista de la Constitución”.5
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