Se calcula que existen de 420 millones a 510 millones de microempresas en el mundo, las cuales enfrentan numerosos retos, como la incorporación a la economía formal, el acceso a créditos o la falta de liquidez. El autor aborda en este artículo cuáles son los sistemas de insolvencia que pueden ayudar a las microempresas a reorganizarse para continuar con su operación o para liquidarla y cumplir sus compromisos con sus acreedores.
Originalmente el vocablo “MiPyMEs” nació como “pequeñas y medianas empresas” y se consagró como “Pymes” (SME en inglés, small and medium enterprises), pero la realidad económica y el emprendimiento cada vez más generalizado de personas en busca de trabajo creó el concepto de “microempresas”, por lo que el término ha evolucionado hacia “MiPyMEs”.1
El criterio para catalogar las empresas como grandes, medianas, pequeñas o micro es muy variable según el talante de quien las categoriza. Los criterios usados para hacerlo son el número de empleados que tienen, el monto de los activos que manejan, el monto de facturación en un periodo de tiempo determinado, etcétera.
Además del criterio cualitativo clasificador también se usa un criterio cuantitativo: ¿cuántos empleados debe tener una empresa para ser micro? ¿Uno o dos? ¿De cinco a 10? ¿Para ser pequeña: 10, 20 o 30? ¿Y mediana: 20, 30, 50 o 100? Lo mismo puede decirse del monto de facturación o del valor de sus activos, con el riesgo, como todo número clasificador, que tiene poner la raya en un sitio: si el límite para ser mediana empresa fuese, por ejemplo, 50 empleados, ¿por qué una que tiene 51 ya no lo es?
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