Por qué estoy a favor del fuero

Por qué estoy a favor del fuero

 

A nivel federal avanza la iniciativa de eliminación del fuero, consignado en diversos artículos de nuestra Constitución. La postura es claramente populista, dirigida a un pueblo enojado con sus representantes. Confunden el síntoma con la causa. Guanajuato ya eliminó el fuero, especialmente el de sus diputados. Pésima decisión en un ambiente monárquico-provinciano como el que se ha instaurado en nuestro estado.

 

 

Nos dicen los historiadores que todo este asunto comenzó en la Inglaterra de la alta Edad Media. Hacia 1340, Eduardo III inició contra Francia la llamada “Guerra de los Cien Años” que desencadenó fuertes presiones económicas para su reino y, por lo tanto, una confrontación con sus barones. El líder del Consejo Real era el destacado John Stratford, arzobispo de Canterbury, la posición más importante de la Iglesia en Gran Bretaña. El encontronazo entre el rey y su consejo se tensó mediante estratagemas legales para imputar delitos a Stratford y así neutralizarlo en la batalla política. Esa fue la primera vez que un miembro de un protoparlamento exigió ser juzgado por sus pares, y no por el monarca. Ahí nació el reclamo de fuero especial para los parlamentarios. La contienda fue ganada por los lores y la autoridad regia se vio limitada.

Ya en los años 1397, 1459 y 1512 ocurrieron violaciones a los privilegios de los parlamentarios, por lo que se dictó la primera ley que definió los fueros del parlamento, que fue ratificada hasta 1667. Antes, Jacobo I no estuvo de acuerdo en conceder ese poder a los súbditos; Carlos I, su hijo, con aspiraciones absolutistas, menos. Le cortaron la cabeza en 1649.

Finalmente, se estableció que cada miembro debía tener garantizado su pleno derecho a expresarse libremente y quedaba protegido contra acusaciones, presiones o ultrajes. El principio de que los asuntos del parlamento y sus miembros se resolvían en el seno del propio parlamento (fuero parlamentario) quedó plenamente definido en el Bill of Rights, signado por Guillermo de Orange en 1689. La larga lucha se cerraba bajo la contundente victoria de los “representantes del pueblo”.

Suscríbete para seguir leyendo

El acceso a nuestros artículos es gratuito para nuestros Suscriptores del Newsletter. Regístate gratis y obtén acceso inmediato a miles de artículos de El Mundo del Abogado. Además recibe en tu correo un resumen semanal de las mejores notas del mes.