Tirant lo Blanch, Valencia, 2017
“El entorno social es el caldo de cultivo de la criminalidad”, dijo Alexandre Lacassagne en 1913. A él mismo se atribuye aquella máxima que en 1955 citaría Quiroz Cuarón: “En nuestra época, la justicia maltrata, la prisión corrompe y las sociedades tienen los criminales que se merecen”.
¿Es así en los tiempos actuales, donde las neurociencias toman el lugar de referencia que les corresponde? Es así, ya que no puede existir un excluyente determinismo biológico, sino una inherente correlación entre ambiente y naturaleza (nature and nurture, como dicen los anglosajones). Es así, porque vocablos como impunidad o cifra negra, inequidad social o falta de oportunidades representan algunos de los insultantes estímulos que explican una parte del delito en nuestras latitudes. Como señala Santiago Redondo en este nuevo libro: “Las personas toman decisiones ‘libres’ sobre posibles conductas delictivas, pero de entre un número de opciones limitado y bajo la influencia de múltiples factores de riesgo”.
La criminología forense no es un libro que se limite a la descripción del comportamiento criminal, sino que se atreve a explicarlo porque dicha explicación resulta indispensable para los tribunales de justicia, que no son sino puntos de acceso (o de rechazo) a la justicia social. Una hazaña así sólo es posible debido al liderazgo del profesor Vicente Garrido Genovés, que a lo largo de los años ha sabido mirar cara a cara a los psicópatas, explorado la llamada banalidad del mal, hurgando en las atroces huellas que dejan los comportamientos de las mentes criminales y comunicando, con precisión, estos hallazgos ante los juristas.
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