Hace apenas unas cuantas décadas el sombrero era una parte del guardarropa del hombre tan indispensable como los zapatos. Andar con la cabeza al descubierto era algo tan impensable como salir descalzo a la calle. “Me quito el sombrero”, es una expresión coloquial que permanece de aquellos tiempos y que se usa para mostrar admiración a quien así lo ha merecido, pues, como escribiera Thomas Mann en su obra maestra La montaña mágica, “hay que llevar sombrero en la cabeza para quitárselo en esas ocasiones en que sea conveniente”. Y es que el sombrero, independientemente de sus usos prácticos, está investido de una dignidad y una elegancia que aún permanecen vigentes en el imaginario de la moda masculina.
Ciertamente existen muchas razones para cubrirse la cabeza, desde disimular la falta de cabello hasta distinguirse de los demás por coronar el atuendo con un indiscutible elemento de clase y buen gusto. Es un hecho que este accesorio tiene, entre otras muchas, la virtud de poner interés tanto a la vestimenta como al hombre que lo porta. Su desaparición es uno de los grandes crímenes de la moda del siglo XX, y aunque hoy en día se le considere una excentricidad, el sombrero reaparece una y otra vez como una contundente declaración de estilo.
Los grandes clásicos
Como suele suceder en la moda contemporánea, todos los estilos que se puedan plantear para llevar el sombrero son una reinterpretación de los modelos clásicos. Por esta razón, conocer los modelos tradicionales es un imperativo de la cultura del buen vestir que se debe tener presente.
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