Javier Figueroa Castellanos
INACIPE, México, 2019
En las sociedades moderas ningún Estado, por más poderoso que pueda ser, es capaz de controlar al gigante de internet. Google, Facebook y Twitter dominan la información. Diariamente, millones de usuarios registran sus datos personales y sus preferencias, generando bases de datos masivas que en los últimos años han contribuido a direccionar las decisiones de todos los usuarios. ¿Cómo olvidar el escándalo de Cambridge Analytica, esa empresa que revolucionó el análisis de información para estructurar mecanismos de comunicación política en procesos electorales?
Para bien o para mal, la big data es una promesa de transformación mundial con grandes riesgos en materia de protección de datos personales. Puede llegar a generar problemas de robo de identidad o de información. También se ha utilizado como mecanismo de control social. Pero no todos los fenómenos asociados a esta revolución tecnológica de información son negativos. Esos mismos datos que se utilizan para el marketing político o económico son igualmente valiosos para el desarrollo de las investigaciones sociales.
Así, Javier Figueroa Castellanos, en su libro Criminología y big data: el futuro de la investigación criminológica, se inserta en el centro de la discusión de las bases masivas de datos para advertir que éstas prometen revolucionar la criminología.
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