Benjamín Medrano Quezada, licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Zacatecas, fue el primer alcalde abiertamente gay en México. Como diputado federal del PRI participó en la discusión de la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados en la que fue rechazada la iniciativa de matrimonio igualitario enviada por la Presidencia de la República. Ahí expresó públicamente su orientación sexual para motivar a sus compañeros y, junto con Ivonne Ortega, fue el único priista que apoyó la iniciativa del presidente. En esta entrevista explica qué fue lo que impidió que el matrimonio igualitario fuera una realidad legislativa en México.
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¿Qué significa ser el único legislador abiertamente homosexual en el México de 2016?
A pesar de provenir de una tierra de tradiciones muy conservadoras donde es más común ser señalado por ser homosexual, donde hay violaciones a los derechos humanos todos los días, a lo largo de mi carrera he sido elegido para cargos de elección popular en tres ocasiones. Me da mucha satisfacción y me llena de orgullo haber sido votado por homosexuales y por no homosexuales. A mí me hicieron diputado local 18,000 hombres y mujeres, 42,000 electores me hicieron presidente municipal de Fresnillo, Zacatecas, y 46,000 ciudadanos me trajeron a la Cámara de Diputados. El ser gay ha sido algo aparte de mi carrera política, algo que no debería ser un señalamiento negativo porque yo he dado resultados no por ser gay sino por mi trabajo.
¿Cuáles son las implicaciones jurídicas y sociales del matrimonio igualitario en nuestro país?
Primero es importante señalar que la discriminación a la comunidad LGBT es un problema latente en México y en el mundo, un asunto de todos los días que no sólo afecta a las minorías y a los grupos vulnerables. Basta ver la cantidad de crímenes de odio que se han cometido últimamente contra transexuales. Vivimos en pleno siglo XXI y se requiere un marco jurídico en materia de matrimonio igualitario que impulse un cambio de mentalidad. Hace unos años el tema del matrimonio igualitario en la Ciudad de México no estaba a discusión. Al igual que sucede ahora, algunas iglesias señalaron a la izquierda por buscar la igualdad en la legislación capitalina, pero los cambios se lograron y hoy la sociedad es más abierta y más respetuosa. Por eso la batalla se debe dar en el ámbito jurídico. Hace unos días estuvimos con el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, quien dijo que éste es un asunto de trato y de acceso a otros derechos que garantiza el matrimonio.
Las implicaciones legales que trae el contraer matrimonio con una persona del mismo sexo van más allá de una ceremonia. No se trata sólo de poder casarse o no. Estamos hablando de normalizar ante la ley una relación de pareja con implicaciones en materia sucesoria y de seguridad social, en el trato en un hospital, en el derecho a una pensión alimenticia; de igualdad ante la ley, por la que se debe otorgar el mismo derecho a enamorarse, a vivir en pareja, a tener un hogar, a equivocarse y a divorciarse. Por ejemplo, hay gente que vive en concubinato por muchos años y al morir la pareja la familia del fallecido se queda con los bienes, desconociendo la condición de la pareja homosexual.
¿Por qué sólo se reconoce el matrimonio igualitario en 12 entidades federativas?
El matrimonio igualitario es una realidad constitucional irreversible en México derivada del artículo 1° constitucional que prohíbe todo tipo de discriminación, entre otras cosas, por preferencia u orientación sexual. La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido en jurisprudencia obligatoria que es inconstitucional limitar el matrimonio a las personas homosexuales. Efectivamente, en 12 estados ya se tiene la figura estipulada en sus respectivos códigos civiles, pero no en las constituciones locales.
El artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que todos los hombres y mujeres tienen derecho a casarse y fundar una familia, sin restricción de raza, nacionalidad o religión. Por lo tanto, éste no es un asunto que uno como legislador deba preguntar directamente a sus electores, porque en el momento en que adquiere la potestad a través del voto el representante popular debe legislar a favor de toda la población. El matrimonio igualitario, como un derecho humano reconocido, no está sujeto a encuestas, simpatías o consultas populares.
Hay muchos diputados pragmáticos que quizá no alcanzan a distinguir lo anterior. Por lo general el legislador cuida su imagen y los eventuales votos que pudiera tener para una siguiente elección y, lo digo con pena, muchas veces estamos sujetos a la presión social. En algunos estados existe un factor cultural o ideológico, pues en unas zonas la gente es más religiosa y conservadora y tiene una visión del mundo distinta. Esto es un contrasentido porque los derechos humanos son universales. Un absurdo tal como que en Tlaxcala se come a las cuatro de la tarde y en Zacatecas no puedes comer a esa hora porque ahí sólo se puede comer a las dos de la tarde. No podemos hacer lo que dijo el Bronco en Nuevo León: que él prefería que los gays se fueran a casar a Saltillo. ¡Qué lástima! Porque esos ciudadanos podrían tener su domicilio, su vida y su trabajo en Monterrey, irse a casar a Saltillo, y su matrimonio sería válido en todo el país.
El presidente de la República propuso reformar el artículo 4 constitucional y diversas disposiciones del Código Civil federal. ¿Cuáles son los puntos que destacaría de la iniciativa sobre matrimonio igualitario enviada al Poder Legislativo por Enrique Peña Nieto?
El cambio más importante yo lo ubicaría en el artículo 4 constitucional. Tan sólo queríamos que se incluyera el término “matrimonio igualitario”; no queríamos más, porque al modificar la Constitución federal ya estaríamos hablando de un derecho no sólo reconocido por la Suprema Corte, sino un derecho consagrado expresamente en la propia Constitución, y al remitir la reforma a las legislaturas locales cada entidad federativa ya no tendría la carga de procesar una reforma en materia civil. Ahora lo que sucederá es que sólo las legislaturas locales que así lo decidan harán los cambios en sus respectivos códigos civiles.
Yo insisto en que los diputados federales teníamos la gran posibilidad de dar este gran paso, de impulsar una iniciativa enviada por el Poder Ejecutivo a la cual la Comisión de Puntos Constitucionales no le movió una coma; era una iniciativa sencilla pero trascendente que se echó abajo por la presión y la confrontación que provocó que muchos legisladores recularan.
Usted e Ivonne Ortega fueron los únicos diputados federales priistas que apoyaron la iniciativa del presidente de la República sobre matrimonio igualitario el 9 de noviembre. ¿Qué sucedió dentro de la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados?
Yo voté a favor del matrimonio igualitario porque tengo que ser congruente con mi vida, porque aunque yo personalmente nunca me casaría no me atrevería a negarle el derecho a quien sí desea hacerlo. Ésa fue una decisión personal: voté en pro del dictamen porque esto significaba votar a favor de mi dignidad como ser humano, como homosexual y como diputado federal. Yo he sido discriminado, señalado, vilipendiado, ultrajado. Y lo que miles de mexicanos y yo queremos es que se termine esta violencia. Celebro que por lo menos hubo dos diputados buenos, responsables, que hablaron a favor de los miles de homosexuales allá afuera que no encuentran un lugar por el maltrato, la discriminación y la violencia constantes.
¿Por qué el PRI no apoyó la iniciativa enviada por el presidente de la República y por qué Emilio Gamboa afirmó que no se trataba de un tema prioritario?
Emilio Gamboa no se equivocó al decir que el tema no era prioritario, porque, efectivamente, tal vez para sacar provecho político, a través del presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, el PRD aceleró el proceso en un periodo en que, lamentablemente, era más importante la aprobación del presupuesto. Lastimosamente y en perjuicio de la ciudadanía, discutir la iniciativa en comisiones un día antes de la aprobación del presupuesto no fue el timing político correcto.
Estoy seguro de que hoy, con más tranquilidad, ya habiendo pasado la aprobación del presupuesto, podríamos darle forma a la iniciativa del presidente. Yo he platicado con muchos de mis compañeros diputados y no solamente me han felicitado por mi postura personal, sino que la comparten a pesar del riesgo de que hubiera una supuesta línea del PRI. Tuve el reconocimiento de mi coordinador y de mis compañeros.
Miente Francisco Labastida al decir que el PRI perdió Aguascalientes, Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo por el tema de los matrimonios igualitarios. Todo lo contrario, porque es la comunidad LGBT la que puede hacer ganar al PRI. Supuestamente somos pocos, pero hoy nos damos cuenta de que, cuando quieren, las minorías también deciden y determinan, y el PRI debe ser capaz de abrirse y ser atractivo.
Hoy está pendiendo de un hilo la elección de 2018 para el PRI si no llegamos a la sociedad y a las minorías que pueden incidir mucho. Los votos de la gente que se movilizó en contra del matrimonio igualitario no son nuestros; son de la ultraderecha, del PAN, de la diputada federal del Partido Encuentro Social que dijo que un homosexual puede enamorarse de una computadora o de un delfín. A estas alturas yo no entiendo cómo una mujer puede ser tan ignorante y tan torpe como para profesar la intolerancia a nombre de un partido político.
Si nos gusta que nos discriminen, si nos gusta que nos maltraten, solamente hay que voltear al norte, donde las minorías se dividieron y pasó lo impensable: Donald Trump ganó las elecciones.
¿Triunfó el activismo de algunas iglesias cristianas y el Frente Nacional por la Familia? ¿Faltó movilización de la sociedad civil en defensa de la iniciativa?
Fue muy notorio quién estaba detrás de las movilizaciones. El pueblo de México es muy católico y tras una disposición del clero, de obispos convocando y patrocinando las marchas, un sector de la población salió a las calles a expresar su sentir. La comunidad LGBT no tiene esa capacidad de movilización.
Yo quiero retomar las palabras del nuncio, quien dijo que esto era un asunto exclusivo de derechos humanos, y también quiero recordar lo que dijo el papa Francisco, que cuestionó quién era él para juzgarnos y pidió una disculpa a todos los homosexuales del mundo.
Yo soy católico y soy amigo del obispo de Zacatecas, con quien he tocado el tema con mucho respeto. Sin embargo, ya no vivimos bajo un régimen en el que todo era reprendido por las autoridades eclesiásticas; los derechos humanos no están sujetos al criterio eclesiástico por la simple razón de la existencia del Estado laico.
Hubo una gran presión del clero de varias iglesias, una presión que confrontó y generó odio. Eso me lastima como católico. Hay quienes creen en el matrimonio como un contrato civil entre una persona y otra que conlleva obligaciones y derechos y hay quienes creen en el matrimonio como un sacramento, pero el sacramento es propio de una Iglesia. Yo no he escuchado a nadie de la comunidad LGBT que quiera ir a casarse a una Iglesia.
¿Cuál es el siguiente paso para lograr que el matrimonio igualitario sea una realidad legislativa en México? ¿Éste es el final de una legislación que reconozca el derecho al matrimonio igualitario?
Hoy tenemos que dar lugar a que los estados que no se han sumado a esta iniciativa den oportunidad a sus respectivas legislaturas para reconocer los derechos civiles y elementales de todos los ciudadanos. Que los legisladores locales reformen el Código Civil en cada una de las entidades federativas. Pero aun así no pierdo la esperanza de que en el Congreso de la Unión tengamos de nueva cuenta la oportunidad de discutir y aprobar una nueva iniciativa que no se vea afectada por las presiones y por el mal timing político que pareciese ser deliberado.