Difícil aspirar a un Estado Democrático de Derecho mientras el Senado de la República se dedica a planear viajes y a organizar comilonas para sus miembros, mientras decenas de asuntos de la agenda legislativa siguen postergados. Las leyes que impulsan se hacen sobre las rodillas y obedecen a presiones del momento. Pero no tienen viabilidad ni parecen responder a las necesidades del país. “Ya las harán los senadores que vengan”, dicen los actuales. En la actualidad, no hay una sola mesa de análisis y discusión en el Senado para atender los temas de justicia. Preparar bonos y aumentar prerrogativas consume el tiempo de nuestros representantes.
No se trata de suprimir la regulación gubernamental de la actividad privada, pero ésta tiene que ser revisada de modo permanente. Según el Consejo Coordinador Empresarial, el costo de los trámites representa hasta 8 por ciento del PIB de México. Prescindir de la regulación puede significar un desastre, pero sobrerregular, también.
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