Coronavirus y el enfrentamiento entre Estados Unidos y China

Derecho en el mundo Víctor Emilio Corzo* y Ernesto Eduardo Corzo** Monday, 01 June 2020

 

El coronavirus ha generado una grieta en las relaciones entre Estados Unidos y China que podría tomar años en sanar. Basta observar el incremento en el número de enfrentamientos para concluir que la dinámica entre ellos empeora.

 

Por mencionar algo, durante 2018 y 2019 sobresalieron, entre otros, el conflicto sobre la red de telecomunicaciones 5G, que provocó la prohibición de venta de insumos tecnológicos a Huawei y la detención en Canadá de su directora financiera supuestamente por haber violado las sanciones económicas que Estados Unidos impuso contra Irán, y por el otro, el aumento recíproco de aranceles a los productos importados de ambos países, que como efecto secundario catapultaron a México como el principal socio comercial de Estados Unidos.

En cambio, en lo que llevamos de 2020, el enfrentamiento entre ambos países se viene ramificando de forma acelerada en múltiples aristas. Primero, Estados Unidos ha acusado a China de negligencia y de haber provocado la pandemia del Covid-19; segundo, China lanzó su moneda digital E-RMB supuestamente con el objetivo de desbancar al dólar estadounidense como la principal divisa de pago a nivel mundial; tercero, Estados Unidos acusó a China de intentar hackear los centros de investigación que están desarrollando la vacuna para el Sars-CoV-2; cuarto, China acusó a Estados Unidos de difamarlo y, en respuesta, desplegó una diplomacia médica —alrededor del mundo— regalando insumos médicos para el combate del Covid-19, donando 2,000 millones de dólares para que algunos países africanos puedan hacerle frente a la propagación del virus y anunciando que una eventual vacuna china contra la nueva cepa del coronavirus sería considerada como un bien público mundial y, por ende, compartida con toda la humanidad, y quinto, Estados Unidos desplegó sus recursos diplomáticos para obstaculizar los proyectos de inversión chinos alrededor del mundo, especialmente en los territorios de sus aliados, como Israel.

 

Chimérica

Irónicamente, el presente enfrentamiento no surge de forma espontánea sino que el propio encumbramiento de China como potencia se produce por una conjunción de factores similares a los que permitieron el milagro asiático después de la Segunda Guerra Mundial (esto es, gobierno totalitario, implementación de reformas económicas radicales y aprovechamiento del comercio internacional). De esta manera, durante los últimos 40 años, gracias a la ayuda de la comunidad internacional y a la acción directa de Estados Unidos, actualmente tenemos a una China encumbrada como la segunda potencia económica a nivel mundial.

Tal grado de coadyuvancia tuvo Estados Unidos en la consolidación de la China actual que el historiador inglés Niall Ferguson bautizó esa alianza con el nombre de Chimérica (China + América) y la describió como un matrimonio en el que en principio dos polos opuestos se atraían, pero con el paso de los años terminan dándose cuenta de que se han convertido en lo mismo. Hoy en día es evidente que ambos países buscan el divorcio; empero, como sucede en cualquier separación, resulta complicado romper los lazos generados (esto es, cadenas de producción), detener la interdependencia mutua (esto es, de productos e insumos) y determinar quién asumirá los elevados costos que conlleva la ruptura. De esta manera, al ser casi imposible cristalizar la separación de un día para otro, como espectadores podemos presenciar, en tiempo real, cómo una alianza fáctica se extingue poco a poco.

 

Encumbramiento económico

Alejándose de su posición inicial en contra de las monedas digitales, justo en medio de la pandemia del coronavirus, el gobierno chino anunció el inicio del lanzamiento de su moneda digital E-RMB. Esa moneda será usada, en una primera etapa, sólo en los centros urbanos de Shenzhen, Suzhou, Chengdu y Xiongan. Tendrá el mismo valor que la moneda de papel y será controlada por el Banco Popular Chino. Si bien muchos analistas han señalado que el inicio del uso de la moneda digital china representa un nuevo frente en la confrontación con Estados Unidos, resulta importante señalar que el enfrentamiento entre las monedas y la política monetaria de ambos países data de hace más de una década, cuando la constante era el reclamo de las autoridades estadounidenses por la imposición de un tipo de cambio artificial entre el dólar y el yuan.

Con base en la política cambiaria de depreciación de su moneda, China logró posicionarse como la “fabrica mundial”, lo cual le permitió dar un empuje sustancial a su economía. Con una moneda depreciada y salarios bajos, por un lado, muchos países trasladaron sus centros manufactureros a China para beneficiarse de la mano de obra barata, y, por el otro, los productos chinos —por ser más baratos y por estar subvencionado su transporte al exterior— inundaron el mercado mundial.

Las ventajas de la apertura del mercado chino fueron tan grandes que muchos Estados toleraron el robo de propiedad intelectual que sufrían sus empresas instaladas en territorio chino, con tal de tener acceso a ese mercado. La dualidad de China como Estado en vías de desarrollo y su rápido desarrollo económico le permitieron posicionarse a nivel internacional —sin mayor reticencia— como la segunda potencia económica, después de Estados Unidos. Tal desarrollo permitió que el Fondo Monetario Internacional confirmara, en 2005, que el yuan ya no estaba depreciado frente al dólar estadounidense; de hecho esa moneda se había fortalecido y China se estaba consolidando como una de las economías con mayor crecimiento a nivel mundial.

El fortalecimiento de China permitió que en 2008, cuando Estados Unidos cayó —hasta ese entonces— en su peor crisis económica después de la Gran Depresión, el país asiático pudiera inyectar liquidez a la ya afectada economía mundial a través de la compra de deuda pública estadounidense, de bonos del tesoro norteamericano, equivalentes a 700,000 millones de dólares, convirtiendo de esta manera a Estados Unidos en el principal deudor a nivel mundial y a China en el principal acreedor.

Este hecho ha representado una realidad incómoda para Estados Unidos, que durante la actual pandemia, a través de su presidente Donald Trump, ha dejado entrever que si bien no se negaría a pagar su deuda con China en represalia por la afectación que han tenido por el coronavirus, sí podría imponer nuevos aranceles a los productos chinos supuestamente para hacer que se pague sola su deuda o que China les repare el daño causado.

 

Tiempos del coronavirus

Para entender por qué el conflicto entre China y Estados Unidos se ha avivado durante estos meses hay que tener en mente una serie de factores. Primero, que Estados Unidos es el actual epicentro de la pandemia y es el país más afectado con más de 90,000 muertes y un millón y medio de personas contagiadas de Covid-19. Segundo, que Estados Unidos se encuentra en pleno periodo electoral, donde está en juego la reelección de su actual presidente Donald Trump. Tercero, que el Ejecutivo federal estadounidense ha sido tachado como uno de los peores mandatarios a nivel mundial en lo que respecta a la respuesta que implementó frente a la pandemia del coronavirus a nivel nacional. Cuarto, que China está aprovechando la retracción estadounidense guiada por su “America first, America first” para expandir su área de influencia política a nivel internacional y buscar una posición de liderazgo en el seno de la comunidad internacional.

Pareciera que estamos viviendo un déjà-vu de la confrontación entre la Unión Soviética y Estados Unidos, pero ahora con China: competencia científica para encontrar la vacuna del Sars-CoV-2, acusaciones de espionaje, lucha por expandir su área de influencia a nivel mundial, despliegue de propaganda para desacreditar al otro y acusaciones de acciones hostiles.

De esta manera, no resulta extraño que Donald Trump, en plena campaña electoral, haga uso del viejo recurso de tratar de unir a su población en contra de la amenaza de un supuesto enemigo externo. En su primera elección ese enemigo fue México y la problemática propia de la relación bilateral: migración irregular, tráfico ilícito de estupefacientes y una supuesta balanza comercial favorable a México. Ahora, durante su campaña de reelección, México es desplazado por China, a quien ahora acusa de robo de propiedad intelectual, de actuar de forma negligente en el inicio de la pandemia, de causar que Estados Unidos sea el epicentro del Covid-19, de violar las sanciones económicas que Norteamérica ha impuesto a otros países a nivel mundial, de espionaje y de manipular a algunas instancias internacionales, como la Organización Mundial de Salud, para ocultar la negligencia china que nos tiene sumergidos en un gran confinamiento.

Si algo nos ha enseñado la actual pandemia del Covid-19 es el grado de integración e interdependencia que existe a nivel mundial. Hay una gran codependencia entre China y Estados Unidos, la cual transforma cualquier triunfo en esa confrontación en una victoria pírrica, en la que, sin duda alguna, el ganador terminará siendo por igual perdedor.

Ahora que nos encontramos en pleno desarrollo de una Guerra Fría entre estas dos potencias, parece una realidad muy lejana la época en que Estados Unidos sólo acusaba a China de violaciones a los derechos humanos…

 

 


 

 

* Doctor en Derecho y diplomático de carrera experto en Derecho internacional. Twitter: @VE_Corzo.

** Experto en arbitraje internacional, acreditado para ejercer en México y en Estados Unidos. Twitter: @EE_Corzo