La ex vicepresidenta del gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría —hoy socia en la firma legal Cuatrecasas— estuvo en nuestro país hace algunas semanas para visitar las oficinas que la firma iberoamericana tiene en la Ciudad de México y participar, junto con sus socios Marco Antonio de la Peña y Álvaro Botella, en una conferencia que organizó la Cámara Española de Comercio en México, así como ante la Barra Mexicana y la ANADE, para hablar de la importancia del compliance y de un buen gobierno corporativo como factor de sostenibilidad empresarial. En esta entrevista habla sobre cumplimiento, prevención y algunos aspectos que más preocupan a la empresa en la actualidad.
¿Cuáles son los riesgos a los que se enfrentan las empresas en esta segunda década que vamos a iniciar?
Si analizamos las tendencias en riesgos que elaboran las comisiones de auditoría de las grandes empresas, el riesgo geopolítico aparece entre los principales motivos de preocupación.
¿Cómo llegó usted a esa conclusión?
En 2019 el Informe sobre Riesgos Globales del World Economic Forum incrementa el peso de los riesgos políticos, sin constreñirse a zonas concretas del globo, sino que los concibe como un riesgo de origen y de consecuencias globales. Y añade a la lista los riesgos del medio ambiente y los tecnológicos.
¿Advierte usted algunos otros factores de riesgo?
El ciberespacio se convierte en el nuevo escenario real, y no sólo virtual, ilimitado, en el que personas y cosas interactúan sin restricciones. Vivimos en un nuevo mundo: inteligencia artificial (IA) en todas partes, aplicaciones y análisis inteligentes, cosas inteligentes, gemelos digitales, plataformas conversacionales, experiencias inmersivas, entre otras, que generan grandes oportunidades, pero también exigen una adaptación constante.
Por lo tanto, la globalización obliga a Estados y empresas a afrontar cambios de paradigmas, acelerados y flexibles. Sólo aquellos que son capaces de prever, adaptarse, evolucionar e innovar en un mundo cada vez más integrado, tendrán garantía de éxito.
¿Incluiría entre esos riesgos los regulatorios?
Sin duda. Las empresas identifican hoy entre sus mayores riesgos legales los excesos regulatorios y la dificultad de asegurar el cumplimiento normativo en todos los ámbitos. La reacción frente de la crisis económica de principios de siglo ha provocado que sectores tradicionales de la economía —como la banca o los seguros— naveguen en un horizonte de hiperregulación casi inabarcable.
Y también afecta la falta de regulación...
Por supuesto. Especialmente cuando hablamos de los espacios globales comunes (medio ambiente, biodiversidad o ciberespacio). Éstos se encuentran con ausencia de regulación, o bien con regulaciones parciales y fragmentadas que alientan una competencia asimétrica entre Estados y entre empresas.
¿Cómo pueden ayudar a afrontar esos riesgos un buen gobierno corporativo y un sistema de compliance?
Ambos contribuyen a la sostenibilidad y al éxito empresarial. Sólo daré unos cuantos ejemplos: primero, ayudan a facilitar la financiación. Los grandes fondos cada vez son más sensibles a la importancia de la gobernanza y el compliance que garantizan el manejo transparente y veraz de los resultados de las empresas. Segundo, mejoran la relación y la visión de los stakeholders. Las buenas políticas de gobierno corporativo, que vinculan objetivos empresariales y valores, trabajan por el medio y el largo plazos. Generan una relación más estable que aumenta su valor al ser percibidas mejor por proveedores, clientes, administraciones o empleados. Todo lo anterior da estabilidad a la empresa y a su posición en el mercado.
¿Qué beneficios trae el buen gobierno corporativo?
El buen gobierno genera valor por sí mismo. Contribuye a construir estructuras más eficientes, en las que se diseñan y se planifican los procedimientos de toma de decisiones, se huye de la improvisación y se aprovechan mejor los recursos. Todo aporta para mejorar su competitividad y su rentabilidad.
Por decirlo en un titular, gobernanza y compliance también cotizan en bolsa.
¿Cuáles son los elementos que valoran más los inversionistas en el gobierno corporativo de las empresas en la actualidad?
Un buen consejo de administración, por sí mismo, es un valor para las compañías. El diseño de la composición del board y sus planes de sucesión son, a su vez, el mejor antídoto contra el activismo, el malestar de accionistas y las crisis de todo tipo. Black Rock, State Sheet, Wanguard o Glass Lewis, entre otros, valoran la mezcla de experiencias y competencias de los consejeros para una estrategia a largo plazo.
Tienen muy en cuenta un consejo con conocimiento en temas de gobernanza, que integre experiencia, habilidades y diversidad (incluidos nuevos talentos), de acuerdo con las necesidades presentes y futuras, la estrategia del negocio, la industria y la competencia. También tienen muy presente que dispongan de planes de sucesión en un horizonte temporal adecuado.
Con motivo de su nuevo Sistema Nacional Anticorrupción, México ha puesto en marcha importantes cambios legales en materia de cumplimiento normativo desde un punto de vista administrativo y penal. ¿Qué consejos daría a los empresarios mexicanos para evitar una responsabilidad penal?
La legislación mexicana está adoptando medidas muy similares a lo que España ha venido haciendo también en los últimos años, que es empezar a visualizar la necesidad del cumplimiento normativo con el fin de prevenir y, en su caso, enfrentar con éxito la sanción penal a la persona jurídica.
Entre las consecuencias legales derivadas de la comisión de faltas administrativas graves o de los delitos previstos en su legislación penal, destacan la inhabilitación de las empresas para contratar con el sector público, la suspensión de sus actividades, la publicación de la sentencia condenatoria con el consecuente daño reputacional a la empresa hasta la disolución de la sociedad responsable del ilícito.
Es decir, reforzar los esquemas de compliance...
Efectivamente. Un buen programa de cumplimiento normativo previene la comisión de faltas administrativas graves, así como de delitos, además de ser atenuante o eximente de la responsabilidad criminal. Con un programa de cumplimiento normativo bien implementado en la empresa es posible deslindar las responsabilidades de la empresa respecto de aquel directivo o empleado que incurra en una conducta ilícita. El objeto y la conducta ética de la empresa está por encima de cualquier individuo en lo particular.
¿Qué directrices sugiere usted en los programas de cumplimiento?
Un buen programa de compliance no es un mero protocolo, un check list. Ha de impregnar la cultura de la empresa, desde planteamientos éticos. No basta con tener un programa estándar; ha de estar diseñado a la medida de la empresa para que no sume burocracia sino eficiencia. La empresa ha de aplicarlo pero, sobre todo, creer y practicar la cultura del cumplimiento normativo. Se debe lograr una cultura empresarial de ética y cumplimiento normativo. Y seguir aplicándola cuando se internacionaliza. En un mundo hiperconectado, una crisis de compliance, que sin duda será reputacional, no tiene fronteras. Asimismo, el eventual daño reputacional a la empresa no prescribe.
Usted tiene acreditada una amplia experiencia en gestión de crisis. ¿Cuáles son los ingredientes que se precisan para responder ante una situación crítica?
En primer lugar, liderazgo, entendido como capacidad de gestión, de creación de equipos y de asunción responsable. Después, resistencia, para soportar largos periodos de tensión y eludir las consecuencias del efecto fatiga. En tercer lugar, capacidad de comunicación interna, que busque la implicación y la complicidad de los empleados, además de capacidad de comunicación externa, con transparencia, pero sin ceder a esas presiones mediáticas que buscan soluciones “ya y ahora”. Pero, ante todo, se precisa estrategia: cualquier gran decisión empresarial, máxime como consecuencia de un episodio crítico, ha de enfocarse desde todas sus vertientes (organizativa, legal, mediática, económica, reputacional, etcétera). Y estos principios sirven ya sea para una crisis de activismo accionarial, una crisis de producto, una crisis de compliance, una crisis derivada de avalancha de class actions o pleitos masa o un cambio regulatorio extremo para el negocio.
Para concluir, ¿qué papel están llamados a desempeñar los abogados ante los retos del momento actual?
Vivimos tiempos de gran incertidumbre y los abogados tienen la misión de ayudar a sus clientes a construir certezas. Porque ante los riesgos regulatorios y de compliance actuales es esencial conocer el contexto político y legal, saber moverse entre jurisdicciones y legislaciones, tener capacidad para evaluar efectos y prevenir responsabilidades, y ante una crisis, coordinar la estrategia legal con el negocio y la comunicación de la entidad. Un buen abogado es el que sabe acompañar y asesorar a su cliente en esa travesía.
María Soraya Sáenz de Santamaría Antón es licenciada en Derecho por la Universidad de Valladolid. Ha sido profesora de Derecho administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid y cuenta con un máster en Derecho de las telecomunicaciones.
Entre 2011 y 2018 se desempeñó como vicepresidenta y ministra de la presidencia del gobierno de Mariano Rajoy, así como ministra para las administraciones territoriales de 2016 a 2018. Además fue portavoz del gobierno entre 2011 y 2016.
Presidió la Comisión Interministerial para la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) entre 2016 y 2018. Fue portavoz parlamentaria del Grupo Popular en el Congreso en la IX Legislatura. Previamente asumió la portavocía adjunta de la Comisión Constitucional en el Congreso de los Diputados.
Actualmente es consejera de Estado y socia del bufete de abogados Cuatrecasas en el área de gobierno corporativo y compliance.