Santiago Oñate

Entrevistas Víctor Hugo Gil Saturday, 01 February 2020

 

En nuestro país poco se conoce sobre la vida y la obra de los abogados, fuera de lo anecdótico y de las historias oficiales sobre litigantes que más bien han destacado por su actividad política. Santiago Oñate Yáñez nos habla del libro que recientemente publicó sobre su abuelo, Santiago Oñate Salemme, un litigante singular y destacado en el foro de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

 

 

No suelen ser comunes los trabajos biográficos y compilatorios de obras de juristas en nuestro país. ¿Qué lo motivó a escribir este libro?

Tuve dos motivos. Uno modesto y uno un poco más ambicioso. El objetivo ambicioso parte de la premisa de que nuestro país no es uno donde se escriban biografías. Todavía más inusual resulta encontrar biografías de juristas nacionales y, más aún, de los litigantes. Si bien se ha escrito mucho sobre abogados, ha sido casi exclusivamente de personajes políticos y a través de historias oficialistas.

Sin embargo, se ha escrito muy poco de quienes han ejercido la profesión como abogados postulantes. Su recuerdo se ha ido extinguiendo paulatinamente a medida que los relatos anecdóticos y populares se alejan del tiempo en el que se produjeron. Tenemos que hacer un esfuerzo por emprender el conocimiento biográfico de los juristas y los abogados de nuestro país, entender de forma explicativa las circunstancias que dieron lugar a su éxito, a su práctica, a sus ideas, a sus genealogías y a sus legados.

 

¿Cuál fue el segundo motivo?

Quería conocer a mi abuelo. Nunca lo conocí, ya que murió cuando mi padre tenía apenas 17 años. Sin embargo, desde mis primeros recuerdos trataba de imaginar cómo era que la casa de mi abuela encerraba a un personaje que nunca pude conocer. En cuanto entraba a la biblioteca de la casa de mi abuela, respiraba y olía un ambiente distinto. Después de un tiempo me enteré que ese olor tan peculiar correspondía a la mixtura del tabaco guardado en frascos de madera, a las pipas y el inconfundible aroma que impregnaba todo: el de la tinta impresa en innumerables libros que apuntaban a su insaciable gusto por la lectura y su pasión bibliófila que lo llevó a tener una de las mejores y más nutridas bibliotecas jurídicas del país, con más de 33,000 títulos en cinco idiomas.

Y es muy probable, aunque no lo recuerdo con nitidez, que algún día hubiera yo preguntado a qué se dedicaba quien trabajaba, escribía y estudiaba en ese ámbito con una personalidad tan personal y peculiar que a la distancia apenas alcanzaba a intuir o a imaginar.

 

¿Cuáles fueron esas dudas y cómo le ayudaron a que tomara forma este libro?

Al principio llegué a pensar que todos los civilistas tenían fuertes inquietudes históricas; probablemente deduje que quienes se dedicaban al litigio mercantil consagraban buena parte de su tiempo a la investigación de temas constitucionales; intuí o deduje que todos los litigantes pertenecían a agrupaciones profesionales y en el seno de éstas lo mismo planteaban que analizaban reformas legislativas o las sometían a puntilloso escrutinio en medios de comunicación. Sin embargo, conforme empecé a adentrarme en la profesión, académicamente y profesionalmente, me di cuenta de que aquél no era el caso.

A lo anterior comencé a añadirle otras dudas acerca de cómo definimos la valía de un abogado: ¿se valoran sus méritos académicos y su legado teórico o sus victorias en el litigio?, ¿se puede medir su trascendencia o su legado numéricamente por la cantidad de libros escritos o litigios o más bien por la calidad de los mismos?, ¿depende o no de su ideología?, ¿se toma en cuenta lo que significaron en su tiempo o más bien su legado actual?, ¿pueden compararse méritos jurídicos de distintos contextos o tradiciones jurídicas?, ¿importa el tamaño del despacho en el que trabaja?, ¿es mejor abogado quien llega a transacciones o a acuerdos que evitan el litigio o quien prefiere el litigio?, ¿o resulta más admirable quien gana con armas y mecanismos procesales que quien gana con la persuasión del Derecho sustantivo?

 

¿Logró responder estas preguntas en el libro?

Creo que a través del libro sí se logra atisbar la singularidad de Santiago Oñate y mediante esa singularidad podemos ver que la trascendencia en el foro no depende necesariamente de los elementos que tradicionalmente se entendían como propios de los abogados.

Por ejemplo, pude ver el trabajo de Oñate Salemme desde otra óptica y logré comprender la singularidad de sus investigaciones en un ámbito poco conocido de la práctica profesional ante tribunales: la de realizar investigaciones históricas, en este caso en el Derecho novohispano, para tratar de convencer a los juzgadores estadounidenses cuáles son los argumentos que deben servir como fundamento a las resoluciones que hubieron de dictar en la segunda mitad del siglo XX.

Esta deslumbrante faceta ya me había sido descubierta por el bibliotecario de la Biblioteca de Libros Históricos y Raros de la Escuela de Derecho de Yale quien, al ver mi nombre, lo primero que me preguntó fue si era familiar del especialista en Derecho de aguas que había participado en litigios de los años sesenta y que había marcado los criterios prevalecientes hasta hoy día en las cortes texanas.

 

Gran parte de lo que se expone en este libro tiene que ver con su actividad académica. ¿En qué consistió?

En efecto, aunque creo que gran parte de la singularidad de don Santiago fue que logró conjugar su actividad profesional y académica, de modo que no fuera binaria. Es decir, realmente logró que ambas se hablaran.

Pero, concretamente, en el caso de las actividades académicas, las desarrolló no sólo en la Facultad de Derecho de la UNAM, sino también en la Escuela Libre de Derecho. Y lo más sorprendente, al menos para mí, es que las actividades académicas también las desplegó en universidades de Estados Unidos. Igualmente asombroso resulta advertir que en cada una de las actividades profesionales que emprendió desde su tesis de licenciatura (que aparece en el primer capítulo del libro: La novación en el Derecho privado mexicano) hasta sus últimos escritos, apenas unos meses antes de su muerte, que son los famosos artículos periodísticos del debate con Burgoa y que aparecen en el capítulo 3 del libro, siempre está presente el Derecho comparado. Éste es, quizá, el rasgo que más me llama la atención y que me lleva a pensar que en realidad se trató de un litigante distinto porque siempre se acercaba a cualquier análisis y estudio empleando la herramienta del Derecho comparado.

Otra característica que me llama la atención de su vida profesional consiste en que siempre tuvo una participación gremial muy activa y sembró los primeros lazos entre las barras de Estados Unidos y de México. De igual forma, es destacable la participación que tuvo como barrista al participar en análisis y discusiones en torno de reformas de la Ley de Amparo.

 

Para muchos, Santiago Oñate Salemme fue un jurista que destacó por ser un gran amparista. ¿Así lo definiría?

Sin duda, quienes más recuerdan su valía en el foro lo asocian con el amparo. Sin embargo, don Santiago no comenzó siendo un amparista. En su despacho empezó litigando casos civiles y mercantiles y con el paso del tiempo se fue adentrando al estudio y la práctica del amparo a tal grado que ya se le asociaba como tal.

Como menciono en el libro, donde lograba sacar la enjundia de litigante y la elocuencia del académico fue en sus artículos periodísticos, entre los cuales destaca la acalorada polémica con Ignacio Burgoa a raíz de un incisivo artículo publicado por don Santiago Oñate en Excélsior a principios de junio de 1968 (los cuales podrán encontrar en el libro) y que encolerizó al profesor de la Facultad de Derecho, Ignacio Burgoa, quien lo acusó de chauvinista y de intentar explicar instituciones vernáculas con doctrinas extranjeras y extranjerizantes. El maestro Fix-Zamudio recuerda que después de la publicación de esos artículos, Burgoa intentó conseguir el apoyo de la mayoría de los profesores de amparo en la UNAM —con el que estaba seguro de contar— para dar una contestación institucional a don Santiago, dado el inaceptable atrevimiento de cuestionar lo que Burgoa defendía con un furor apenas comparable con su dogmatismo.

Fix-Zamudio y Oñate compartían la convicción, derivada de estudios que iban más allá de los confines del Derecho mexicano, de que el amparo no era una invención mexicana, surgida de algún recóndito códice prehispánico o producto de un ingenio, idiosincrasia o inventiva mexicano, aislado de cualquier contacto —contaminación, según esta óptica— proveniente del exterior. A partir del estudio serio y científico del Derecho procesal introducido sobre todo por don Niceto Alcalá Zamora se permitía rastrear no uno sino una serie de antecedentes bien diversos que por su evolución permitieron decantar muchas de las características del amparo surgido en México a mediados del siglo XIX. El auxilio del Derecho comparado ha permitido descubrir el enjambre de instituciones procesales que, no obstante sus diferencias, comparten el nombre del amparo, lo que complica la comprensión de su tratamiento y su función.

 

¿Cómo está estructurado el libro?

El libro comienza con un prólogo escrito por el doctor José Ramón Cossío Díaz, en el cual resalta la importancia que tuvo don Santiago, recordando lo que el doctor Fix-Zamudio le comentaba a él sobre este prestigioso abogado que litigaba ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Asimismo, hace hincapié en las implicaciones del debate que tuvo don Santiago con Ignacio Burgoa respecto de la esencia procesal del juicio de amparo y en el que refleja el talante abierto y científico en la comprensión del Derecho que tenía Santiago Oñate Salemme.

Después presento un estudio introductorio en el que relato la vida de mi abuelo y la divido en lo que yo creo fueron los distintos episodios de su vida personal y profesional. En este estudio podrán encontrar una serie de datos muy interesantes, no sólo de mi abuelo sino también de las circunstancias y los tiempos en los que se desarrolló.

Posteriormente, el libro lo dividí en cinco capítulos, a través de los cuales expongo las obras jurídicas de Santiago Oñate Salemme. El primero contiene la tesis de licenciatura de don Santiago Oñate, titulada La novación en Derecho privado mexicano. El segundo capítulo se titula “Interpretación y aplicación del Derecho novohispano por tribunales estadounidenses”. Este capítulo no sólo es interesante sino que pone de relieve la trascendencia de don Santiago Oñate. El capítulo incluye las opiniones de experto que rindió don Santiago ante las cortes de apelaciones en el estado de Texas respecto del Derecho de aguas en el Río Grande y en el Río de San Antonio. En una acción colectiva en la que se demandaban los derechos de irrigación sobre el Río Grande, la Sala de Apelaciones del Estado de Texas debía determinar cuál era el Derecho aplicable y cómo interpretar ese Derecho.

El tercer capítulo contiene los artículos periodísticos de don Santiago, en los cuales se encuentran sus entretenidos e ilustrativos debates con Ignacio Burgoa y Mario de la Cueva y se puede apreciar parte de las polémicas de los años cincuenta del siglo XX en la UNAM sobre la profesionalización de la academia.

El capítulo cuarto se titula “Derecho constitucional y su defensa a través del juicio de amparo”. En esta parte del libro se exponen los trabajos que realizó don Santiago en la tercera edición de Los derechos del pueblo mexicano. México a través de sus constituciones, publicado por la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. En esa publicación don Santiago aborda el tema del Acta de Reformas de 1847 y el amparo como herencia que recibieron los constituyentes de 1856. Por otro lado, expongo la publicación que hizo Santiago Oñate en el “Homenaje de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en nombre del Poder Judicial de la Federación, al Código de 1857 y a sus autores, los ilustres constituyentes”. En esta publicación, don Santiago mostró por primera vez una serie de descubrimientos de suma importancia. Por ejemplo, fue él quien encontró y expuso la primera sentencia de amparo dictada por el juez Sámano. Por último, el capítulo cinco recopila las reseñas bibliográficas que hizo don Santiago, inclusive de obras en italiano como la de Carlo Creti, Corso di diritto costituzionale italiano.

 

Por último, ¿cómo definiría este libro? ¿Dónde descansa su importancia?

Creo que éste es un libro que encuentra su valía en el hecho de que presenta la vida y la obra de un abogado y litigante que rompió los moldes de nuestra profesión y sentó un ejemplo que amerita seguirse y estudiarse. Asimismo, nos pone de frente con una concepción artesanal de nuestra profesión, de estudio insaciable y de preocupación por mejorar al gremio. Y también permite aproximarnos a la trascendencia de las ideas de un hombre que, a pesar de su prematura muerte, guardan extrema relevancia actual.

 


 

Santiago Oñate es maestro en Derecho por la Universidad de Yale y licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México. Asimismo, cuenta con estudios de Derecho internacional en la Academia de Derecho Internacional de La Haya.

Actualmente forma parte de la práctica de Arbitraje y Litigio en Galicia Abogados en la Ciudad de México y antes trabajó como asesor dentro de la ponencia del Ministro José Ramón Cossío Díaz en la Suprema Corte de Justicia en México. Por otro lado, es miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y de la Barra Mexicana de Abogados.

Ha impartido clases de Arbitraje y Derecho Internacional en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. En la Universidad de Yale fue miembro del Comité Editorial y Editor del Yale Journal of International Law.

Es coautor y coeditor de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos Comentada de la editorial Tirant lo Blanch y autor del libro Santiago Oñate Salemme. Vida y Obra de un litigante de la editorial Porrúa, así como de diversos artículos para revistas especializadas.