Santiago Mir Puig (1947-2020)

Obituario Manuel Vidaurri Aréchiga Monday, 01 June 2020

 

La noticia del fallecimiento del profesor Santiago Mir Puig, el pasado 6 de mayo del año en curso, causó gran conmoción en el medio académico, especialmente entre los penalistas. En nuestro país, la obra científica del catedrático catalán goza de elevado reconocimiento y sus tesis doctrinales han sido adoptadas por buena parte del colectivo universitario mexicano.

Nacido en Barcelona, en 1947. Hijo de padre republicano, creció en un ambiente familiar donde los libros y la música constituían una realidad permanente. En un bello texto preparado por su hijo Oriol Mir Puigpelat (catedrático acreditado de Derecho administrativo en la Universidad Pompeu Fabra) se da cuenta de la afición a la música del profesor Mir, quien ejecutaba la guitarra y la batería, sumándose al resto de los integrantes de la familia que tocaban otros instrumentos.

Licenciado en en Derecho por la Universidad de Barcelona, destacó como alumno de excelencia, recibiendo el premio extraordinario en el examen de grado de la licenciatura. Se doctoró en Derecho en 1973, después de haber realizado una productiva y prolongada estancia académica en Alemania, bajo la tutela de Reinhart Maurach, profundizando en la dogmática germana y estableciendo vínculos con los más destacados juspenalistas de la época; entre otros, Hans Heinrich Jescheck, Arthur Kaufmann y, por supuesto, Claus Roxin, quien tanto influyera en su pensamiento.

Su libro Introducción a las bases del Derecho penal, publicado en 1976 (año en que murió el dictador Franco), puede considerarse el punto de partida de su ideario científico que apunta hacia un Derecho penal construido a partir del modelo de Estado social, democrático y de Derecho, que luego adoptó constitucionalmente el Estado español en 1978. Tomando como referencia lo relatado por Oriol Mir, se sabe que este libro, basado en la memoria presentada al concurso de oposición a la cátedra, fue la causa para excluirlo del mencionado concurso, argumentando el tribunal (presidido por José María Rodríguez Devesa) que el texto “politizaba” al Derecho penal. Con todo, en 1976 obtuvo la cátedra, a los 28 años, en la Universidad de Barcelona.

Vendrían después muchos otros opúsculos, entre los que debe citarse Función de la pena y teoría del delito en el Estado social, democrático y de Derecho (1979), monografía más que reveladora no sólo de su talante democrático, sino también de su afinada y contundente capacidad de análisis y creatividad científica.

En palabras de Joan J. Queralt (ex discípulo y ahora catedrático en la Universidad de Barcelona), durante su juventud Santiago Mir Puig fue un activista antifranquista, quien respecto del Derecho penal español “pensaba que o era democrático o tenía que serlo; sino, no sería más que temarios de oposiciones para oscuros funcionarios”. Habría que admitir que hablar de Derecho penal (del modo en que él lo hizo en el momento y durante toda su vida) mientras gobernaba Franco no sería nada fácil, menos aún si el sustento ideológico que nutría el planteamiento científico tenía a la democracia como piedra de toque.

Conjuntamente con el profesor Francisco Muñoz Conde, realizó la traducción del Tratado de Derecho penal de Hans Henrich Jescheck, obra infaltable en cualquier biblioteca que se precie, ya que su traslado al español supuso, indiscutiblemente, una oportunidad para ampliar el conocimiento sobre el pensamiento doctrinal alemán. Para 1984 vería la luz su Derecho penal. Parte general, cuya amplitud temática y reflexiva es digna de mención. Afortunadamente, este magnífico manual ha sido revisado y actualizado, alcanzando 10 ediciones, la ultima publicada en 2016.

A la par de su capacidad intelectual como jurista, buen escritor y acucioso dogmático, destacaron también sus habilidades de docente claro y animoso. Circulan en las redes sociales registros de sus conferencias y de sus clases dictadas en México, país donde no somos pocos los que acudimos a sus libros con frecuencia, por encontrar en los mismos valiosas y convincentes respuestas y explicaciones.

Podrían referirse aún más aspectos de tan admirado jurista. Por ejemplo, la formación de otros prestigiados profesores y profesoras que ocupan con gran decoro y sabiduría cátedras en la universidad española, así como de destacados discípulos directos diseminados en varios países, incluyendo el nuestro; los merecidos reconocimientos que le fueron conferidos, o los cursos y los programas de máster diseñados y de gran impacto en España y en Latinoamérica. Todo lo cual, con respeto, podría sintetizarse al señalar que la suya fue una extraordinaria carrera académica, con muchos beneficiarios y con invaluables aportaciones que seguirán marcando derroteros científicos.

La enfermedad cruel, sea cual fuere, pero cruel al fin, nos ha privado de la presencia física del profesor Santiago Mir Puig. Permanecen sus libros, sus palabras, sus reflexiones y, en suma, una gran lección vital, como dijera su hijo Oriol.