No existen dos firmas iguales, y si alguien demuestra lo contrario, necesariamente una de ellas es falsa, sostiene la autora al abordar un caso sobre la autenticidad o la falsedad de una firma ilegible.
En pericia caligráfica hay un dicho sobre la existencia de dos firmas iguales: “Si dos firmas son idénticas entre sí, al menos una de ellas es necesariamente falsa”. Hay una explicación científica sobre el hecho de que muchas personas suelen decir: “Yo siempre firmo igual”. ¡Eso es imposible!
“La escritura es el resultante de un acto psicomotriz donde el complejo anímico se modifica por el complejo fisiológico, siendo lo biológico y funcional constantemente variable. Esto hace que no existan en la persona dos firmas o escrituras exactamente iguales entre sí. Si fuesen idénticas estaríamos frente a un ‘calco’ o implante de firmas o manuscritos mediante trucos y/o maniobras delictivas.”
Esto viene a cuento por un caso concreto con el que me encontré cuando uno de tantos clientes me solicitó un informe pericial para determinar la autenticidad o la falsedad de una firma ilegible. Una simple cuestión de autenticidad o de falsedad de una firma, aunque ningún caso es sencillo, puede derivar en una autofalsificación. Es decir, el sujeto pretende hacer una firma que no es la suya.
Entrando en el caso que comento aquí, se me designó para determinar la autenticidad o la falsedad de esa firma. El documento se encontraba en un excelente estado de conservación y junto a la rúbrica se visualizaban dos sellos que, supuestamente, se estampaban en concepto de originalidad del documento.
Digo esto porque los sellos eran posesión exclusiva de la parte demandada del procedimiento y, según su declaración, no se sellaba ningún documento que no estuviese firmado por esa persona, que era quien tenía que estamparlos posteriormente a la signatura (la firma) plasmada. Me llamó la atención que la propia demandada, tras negar su firma, fuese quién aportara el documento original y declarará lo que he comentado antes sobre los sellos después de la firma.
Mi cliente, la parte demandante, se sorprendió tanto como yo de la negación de la firma sobre el propio documento aportado por ésta. No obstante, una vez realizada esta maniobra, no queda otra que presentar una prueba pericial que confirme o desmienta la legitimidad de la rúbrica en cuestión.
La curiosidad versa en que cada soporte indubitado (el auténtico) presentaba un modelo de firma distinto. Sólo uno de ellos, luego de un primer reconocimiento visual, identificaba como auténtica la firma cuestionada. ¡¿Auténtica?! Ése era el problema. Las firmas que visualmente mantenían características similares eran idénticas.
Me encontré ante la tesitura del dicho probado científicamente sobre dos firmas idénticas: “Una de ellas es necesariamente falsa”. Pero los soportes eran originales y las firmas y los sellos también. Entonces, ¿qué cometido sostiene este informe pericial?
Describí todas y cada una de las particularidades que mantenían las dos firmas idénticas: originalidad, espontaneidad, exentas de temblores o paradas que pudieran determinar una copia, entre otros sistemas y análisis que se aplican en esta disciplina criminalística. Sin embargo, una de ellas era necesariamente falsa y, por lógica deductiva, debía ser la correspondiente al documento que se cuestionaba.
Existen cuantiosas modalidades de falsificación de firmas y ésta parecía no pertenecer a ninguna de ellas. Aunque sí existía una diferencia que podía ser la base de la alteración. La firma cuestionada estaba realizada con rotulador de punta fina, y su homóloga idéntica, con un bolígrafo negro convencional.
Así pues, mi conclusión fue que la firma expuesta en el documento cuestionado era genuina de quien la negaba, con el agravante de haber realizado ésta una autofalsificación de copia por transferencia del documento indubitado con una clara finalidad delictiva. Es decir, la propia persona calcó con un papel encima su propia firma.
El día de la vista oral en el juicio no le quedó otra que reconocer lo que científicamente se había probado, alegando otros motivos que no modificaron la sentencia favorable a mi cliente.
Quiero finalizar dejando claro que no existen dos firmas iguales. Y si alguien demuestra que sí, le mostraré que necesariamente una de ellas es falsa. Hablando siempre de las firmas manuscritas.
* Perito calígrafo judicial en la firma Rodríguez & Vilar Asociados.