Los MASC como una oportunidad en la contingencia

Opinión Antonio Silva Oropeza* Wednesday, 01 July 2020

 

En el catastrófico escenario mundial a nivel económico que ha provocado la pandemia de coronavirus, el autor, presidente honorario de Instituto Iberoamericano de Derecho Concursal, afirma que más que pensar en juicios para resolver problemas de índole legal y financiera, es momento de recurrir a los medios alternativos de solución de controversias, que sin duda ofrecen una vía más eficiente y menos costosa para que las empresas y sus acreedores resuelvan sus conflictos.

 

 

Cuando hablamos de crisis en cualquier tiempo nos referimos a situaciones de menoscabo que pueden ser económicas, financieras, políticas y familiares, entre otras. Y no es necesario saber el inicio de ésta y cuál es ese justo momento en que debemos darle importancia o actuar en consecuencia; esto puede ser bajo una conciencia o no, política o de la propia sociedad.

Hoy nos encontramos bajo una sorpresiva pandemia mundial (Covid-19, Sars-CoV-2), de la cual sabemos su origen, el sujeto cero que la ocasionó, y de la que nunca nos imaginamos los efectos letales que le causarían al país de origen ni al mundo entero.

Pérdidas humanas confirman el pésimo sistema de salud en el mundo, pero principalmente en países subdesarrollados, y la Ciudad de México, con su actual gobierno, no se quedó atrás; la falsa información, los números totalmente irreales comparados con las fuentes informativas más prestigiadas del mundo y el pésimo sistema nos hacen darnos cuenta simplemente de que el gobierno no se encontraba preparado para resolver esta emergencia.

Desde luego, no debemos mostrarnos sorprendidos, pero sí ignorantes, porque no debemos olvidar que en 2009 la influenza nos puso a prueba y no la valoramos, aun cuando el gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa tomó medidas radicales, que si bien detuvieron la economía de la Ciudad de México y de otros estados, ayudaron a que no se propagara más de lo debido, y aunque si bien es cierto que el virus golpeó al mundo porque se propagó, se tomaron medidas para que éste no causara mayores estragos.

Mi conclusión de esto es que si se hubiera canalizado y explorado la experiencia, hoy nos habría ayudado mucho, sobre todo para contar con equipos y con hospitales de primer nivel que atendieran a los infectados en mejores condiciones y así evitar muchas muertes (hasta el momento de escribir este artículo han fallecido más de 13,000 personas), por lo que habrá uno o varios responsables, de esto no me queda la menor duda.

Ahora bien, éstas son víctimas que ya cobró y seguirá cobrando este virus, que, dicho sea de paso, no tiene cura todavía, sino simples paliativos. La enfermedad no permite a los enfermos tener una muerte digna, ahogados e intubados, cuando se sabe práctica y científicamente que en la mayoría de los casos quien recibe ese procedimiento sufre un fallecimiento inminente.

Por otro lado, no debemos dejar de lado los terribles efectos emocionales de la familia por no poder despedirse de su ser querido y carecer de una cremación o un entierro dignos.

Sin embargo, este sistema no fue el único que colapsó, ya el país arrastraba una crisis económico-financiera desde 2007; mercados financieros y economías colapsadas, Estados Unidos saliendo de una recesión, China queriendo ser la primera potencia económica del mundo, Alemania a la expectativa, la Unión Europea y la Zona Euro colapsadas por el Brexit... Todos estos antecedentes no han ayudado a enderezar el desastre en el sistema financiero mundial, ya que no permiten tener un referente económico directriz que pueda alinear y dirigir la economía del mundo.

Hoy nos encontramos con la peor crisis que pueda recordar la historia. El mundo ha sufrido las epidemias de los cuarenta, las dos posguerras mundiales, la crisis de 1929 en América, que si bien no fue producto de la posguerra, fue letal económicamente para Estados Unidos y para otros países en un efecto dominó. Pero esta pandemia ha colocado al mundo en un estado económico verdaderamente crítico.

Hoy el mundo nos pone a prueba nuevamente, pero con algo que es más grave: una pandemia que llegó para quedarse y una economía desbaratada que tardará mucho tiempo en corregirse con las pocas medidas financieras de los Estados. No dejo de lado las anticipaciones de Europa y de Estados Unidos en ese sentido y las que acompañan la vía jurídica y jurisdiccional, con nuevas legislaciones o adiciones a las leyes ya existentes, con capítulos de emergencia que esperemos no vayan a ser simples medidas inaplicables para un sistema jurídico totalmente sobrepasado y colapsado con el cierre de sus instalaciones que dejaron, por lo menos en la República mexicana, más de dos meses sin impartición de justicia, algo insólito que deja entrever la necesidad de un sistema más moderno y actualizado que nos ha llevado obligatoriamente hacia la digitalización, pues digan lo que digan los detractores, hoy ya es una realidad: ya no hay vuelta ni paso hacia atrás.

Pero, ¿qué implica todo esto? ¿Dónde quedarán los comerciantes? ¿Mipymes, Pymes, pequeños, medianos y grandes empresarios? ¿Quién soportara la planta productiva, la planta laboral? ¿Quién apoyará a los acreedores que no podrán soportar la inminente quiebra de sus estructuras y de sus infraestructuras creadas para producir y para mover la economía?

Pues bien, antes de pensar en juicios y llegar a la vía jurisdiccional, debemos abrir una oportunidad a los medios alternativos de solución de controversias (MASC); una reestructura con los acreedores será más eficiente, rápida y menos costosa a través de la mediación, la conciliación, el arbitraje y la negociación. Esta figura debemos asumirla con un doble carácter: como negociadora y como un arte para saber negociar. Hoy debemos entender que el sistema judicial se verá saturado e incapacitado para atender y resolver con prontitud los diversos juicios que se le presenten; si antes de la pandemia estaba sobresaturado, imaginémoslo ahora, tanto en lo local, como en lo federal.

Recordemos que el sistema judicial está para emitir sentencias, que el mismo imparte a través del juzgador; sin embargo, la mayoría de las veces sus resoluciones no se cumplen, ya que el criterio o el estudio de las pretensiones del quejoso no los entendió o terminó interpretándolos en otro sentido y no en el que aquél pretendía o esperaba que se resolviera, dando como resultado un ganar-perder, porque lo más seguro es que se termine combatiendo el resultado mediante una apelación o un amparo, lo cual llevará varios meses o años para que obtener una resolución.

¿Que sucede entonces con los MASC? Que la justicia que se resuelva será la que quieran las partes y estén en posibilidades de ejercer a través de un facilitador (tercero imparcial), que no tome ni imponga decisiones, sino que sólo acompañe conforme a ciertos principios, como la voluntariedad, la confidencialidad, la equidad, la honorabilidad y la igualdad entre las partes, y que además únicamente conduzca el procedimiento. Con los MASC nadie obliga a nadie a llegar a un acuerdo y el resultado de esa negociación será un verdadero ganar-ganar o, en su caso, un perder-ganar o un ganar-perder, pero sólo mediante la voluntad de las partes, que concluirá en un acuerdo que restituirá el tejido social.

Obviamente, el resultado siempre será mejor. Los MASC no son la panacea, pero sí constituyen un nuevo paradigma que ayudará a resolver los conflictos y las ventajas contra las desventajas serán infinitamente mayores para las partes, en tiempo, modo y lugar, así como mucho más económicas y, sobre todo, por ser mecanismos voluntarios, en cualquier momento del procedimiento las partes se pueden retirar, para darse el tiempo necesario que requiera la negociación o para darla por terminada, y los términos de prescripción no corren mientras las partes se encuentren negociando.

En fin, estamos ante un cambio que también llegó para quedarse. Recordemos que en la actualidad los medios digitales ya se encuentran en boga y con eficientes resultados, pero, ojo, éstos no sustituyen a la justicia tradicional, sino sólo son un medio eficaz, con garantía y con credibilidad, que da estabilidad emocional a las partes.

 


 

* Socio fundador de las sociedades Silva Oropeza y Asociados, S.A. de C.V., y Profesionales de la Mediación, S.C.