Gustavo de Hoyos Walther

Entrevistas Carlos Ferrán Martínez Thursday, 05 December 2019

 

La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) es un sindicato patronal independiente, apartidista y de afiliación voluntaria que reúne a empresarios de todos los tamaños y sectores, unidos por un objetivo común: contribuir al establecimiento de condiciones para la prosperidad de todos los mexicanos. Su presidente, Gustavo de Hoyos Walther, reflexiona sobre los grandes desafíos que enfrenta nuestro país desde su perspectiva como empresario y abogado.

 

En la actual dinámica del país hay varios sectores llamados a ser protagonistas del Estado de Derecho; entre ellos, el sector empresarial y la abogacía. Resulta que tú eres abogado y empresario. ¿Qué te motivó a estudiar Derecho y, posteriormente, a buscar el liderazgo de un sindicato patronal de tanta envergadura como la Coparmex?

Debo empezar señalando que provengo de una familia de abogados, pues mi padre, mi madre y varios hermanos tienen, igual que yo, la vocación del Derecho. Me parece que la lucha por la justicia es uno de los grandes ideales que cualquier persona debe perseguir, y para quienes hemos asumido esto como un modo de vida, estudiar leyes y ejercer cotidianamente la abogacía nos proporciona un marco insuperable en cuanto a las posibilidades.

Además, siempre pensé que era muy importante que los abogados no nos quedáramos solamente entre nosotros, en un grupo que de alguna manera vive y habla el mismo lenguaje. Hoy el abogado tiene el reto de ejercer una participación mucho más intensa en temas comunitarios, empresariales y políticos.

En mi caso particular decidí, desde hace dos décadas, volverme un profesional de la representación colectiva; es decir, además de la tarea profesional de representar a nuestros clientes en la actividad profesional, los organismos empresariales son representantes de intereses legítimos, en este caso de los empresarios. Entonces encontré una vocación complementaria: servir de forma honoraria a la representación empresarial.

 

Hoy vemos una dinámica legislativa muy agresiva en el sentido de la rapidez con la que se dan los cambios, y la Coparmex está fungiendo como un actor con mayor protagonismo que en administraciones anteriores. ¿Cuáles son los temas que te preocupan como presidente de la Coparmex y como abogado?

En la Coparmex ya tenemos nueve décadas de ser una institución empresarial que, si bien es cierto se forma y se nutre de la participación de empresarios, siempre ha tenido una vocación de participación pública.

Los empresarios de la Coparmex, aparte de hacernos cargo de crear nuevas empresas, de hacer crecer las existentes, de fomentar nuevos empleos, de pagar impuestos y de tener una responsabilidad social básica, siempre hemos tenido la vocación de hacernos cargo, de manera subsidiaria, de grandes temas de relevancia para la comunidad.

Hoy el reto que tiene el país es, por un lado, identificar aquellas cosas que durante las últimas décadas no han funcionado y preservar las cosas que sí han funcionado bien.

Entre los grandes retos que enfrentamos están los que yo llamo “los cuatro jinetes del apocalipsis mexicano”: 1) hay grandes núcleos de población que viven en condición de pobreza; 2) hay una gran diferenciación regional, es decir, muchos Méxicos con problemas y niveles de desarrollo muy heterogéneos; 3) se ha perdido la tranquilidad, es decir, hay inseguridad personal y patrimonial, y 4) padecemos una gran corrupción acompañada de impunidad.

Éstas son las cuatro lacras sociales que tiene nuestro país, y me parece que la acción de los abogados de las organizaciones gremiales de abogados y también de las de empresarios tienen que reconocer que no hemos hecho lo suficiente. Hemos hecho cosas, pero nos hemos quedado cortos en la tarea de que el país no este marcado por esos cuatro jinetes.

 

Un tema en que la Coparmex ha sido muy enfática es en que verdaderamente exista un equilibrio de poderes.

Hoy como nunca toma relevancia la importancia de mantener los principios de división y equilibrio de poderes, de conservar una presidencia acotada, no una presidencia imperial, de mantener un Poder Legislativo que concurra de manera inteligente en la formación de leyes, en la reforma de las mismas, en los principales nombramientos de posiciones relevantes, desde un ministro de la Corte y un embajador hasta un alto funcionario de Hacienda. Creo que ahí hay una tarea fundamental. También tenemos que mantener la vigencia del principio federalista, pues hay una tendencia hacia un neocentralismo, y me parece que en esto, no porque se quiera avanzar más rápido podemos hacer un cambio de cosas que son fundamentales para el país.

 

¿Qué cambios tendríamos que hacer al Poder Judicial para asegurar su independencia?

Una democracia se consolida cuando tiene un Poder Judicial que garantiza el imperio del Estado de Derecho, y en las últimas décadas nuestro país ha tenido un avance sustancial en esta materia.

Sin embargo, por ser una institución humana es evidente que también en el Poder Judicial de la Federación ha permeado la corrupción, además de que padece un nepotismo desbordado.

Tenemos que fomentar la dignificación de la función judicial, pues a últimas fechas ha habido andanadas en contra del Poder Judicial. No podemos meter las manos al fuego por cualquier juez, por cualquier ministro o por cualquier magistrado, pero lo cierto es que no ha ayudado mucho que en las últimas semanas haya habido, desde el Poder Ejecutivo, continuas descalificaciones a quienes encabezan el Poder Judicial.

 

Cambiando un poco de tema, ¿qué ha pasado en el primer año de esta administración en cuanto al crecimiento económico, que es prácticamente inexistente?

Ciertamente los datos son preocupantes. Por primera vez en 10 años no teníamos una racha de decrecimiento como la que estamos teniendo en la actualidad. En Estados Unidos tienen cifras de crecimiento cercanas al 2 por ciento, y si nuestro principal socio comercial, que es el tractor de nuestra economía, va hacia arriba y nosotros prácticamente tenemos un crecimiento de cero, significa que algo estamos haciendo mal.

 

¿Por qué nos hemos venido para abajo en materia económica?

Son muchos los factores que inciden en que haya o no crecimiento, pero sin duda el más relevante es la certidumbre, es decir, que se mantenga la confianza.

Y justamente ahí es donde hemos tenido un gran déficit por parte del gobierno actual: es bien sabido que hay un conjunto de decisiones —que van desde el asunto del aeropuerto hasta la controversia que se inició con las empresas que están construyendo los gasoductos submarinos, así como los cambios en algunas autorizaciones públicas en materia energética— que han generado mucha desconfianza, en la medida en que implican ataques a cuestiones que el país ya tenía bien definidas.

Entonces, uno de los factores determinantes de esa pérdida de confianza es que los particulares no puedan planear a largo plazo o tengan riesgo de que un elemento exógeno cambie todo un plan. Ahí tiene mucho que hacer el gobierno para restituir la confianza y la certidumbre.

 

Quisiera profundizar en el asunto del nuevo aeropuerto. Ya había un consenso sobre Texcoco por las condiciones del espacio aéreo y otros factores. Hoy hay aerolíneas que abiertamente han dicho que no están dispuestas a operar, o que no pueden hacerlo, en Santa Lucía. ¿Es una batalla perdida o todavía hay algo por hacer?

Creo que tenemos que abordar el asunto desde dos ópticas. Por un lado, la definición en sí misma de la conveniencia de que el mayor proyecto de infraestructura se lleve a cabo en el lugar adecuado y con las características correctas. Ése es un primer debate. En la Coparmex, con base en la evidencia disponible, estamos convencidos de que el mejor lugar para ese proyecto es Texcoco, y nos parece que la decisión de hacer una instalación en Santa Lucía tiene una gran cantidad de inconvenientes, que van desde los temas de desarrollo urbano y logísticos, hasta los de seguridad aeronáutica. Estamos absolutamente convencidos de que la postura del gobierno es errónea y estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance, en el marco de la ley, desde luego, para impugnar esa decisión. Hay 147 juicios de amparo en proceso, aunque recientemente se supo que algunas de las suspensiones que habíamos obtenido quedaron atrás con base en la reclasificación que se hizo del asunto como de seguridad nacional.

El otro gran debate es si va a haber o no respeto al Estado de Derecho, si va a haber o no racionalidad en las decisiones del gobierno, porque ha habido desde consultas hechas fuera de la ley hasta el inicio de un proyecto que no tiene los estudios suficientes. Y se ha reservado de manera sospechosa la información: nadie conoce los proyectos ejecutivos. Más allá de tratarse de un error —pues la decisión se tomó de manera absolutamente arbitraria y discrecional por parte del presidente y su equipo, sin que mediara un estudio profundo—, es obvio que existe un conjunto de conductas que apuntan a la ausencia de racionalidad, a la falta de apego a la evidencia y al análisis serio, así como al desapego a las normas, pues la consulta que se hizo para echar abajo el proyecto no reunió ninguno de los requisitos legales. Es decir, hay una violación sistemática y contumaz del Estado de Derecho.

 

¿Cómo percibes la relación del Estado mexicano con el gobierno estadunidense? Pareciera que en este momento no hay tensión, a pesar de que México esté tomando malas decisiones estratégicas, no esté creciendo económicamente ni esté generando confianza hacia fuera...

Me parece que México, en lo esencial, ha sabido llevar bien su relación con Estados Unidos, no obstante que ha habido momentos de tensión, como cuando apoyó al régimen cubano como una estrategia para generar ciertos equilibrios en la región.

En lo esencial el cuerpo exterior mexicano ha realizado una buena gestión de la agenda estadunidense, que cambió radicalmente a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio y permitió, sobre todo, que algunos temas complejos de la relación —particularmente migración y narcotráfico— no afectaran el resto de la agenda.

Con respecto al momento actual, hay que reconocerle al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador que desde que ganó envió a Jesús Seade para que se incorporara al proceso de negociación y él realmente infundió una gran tranquilidad. Sin embargo, también debo decir que la gestión en el ámbito migratorio ha sido desafortunada. Creo que el gobierno mexicano ha sobrerreaccionado a las presiones y a los amagos de la administración de Trump y nuestro país se convirtió en el muro que Estados Unidos amenazaba con construir y está haciendo el trabajo sucio a ese país en el tema migratorio, lo cual además ha implicado que prácticamente 30,000 de los 50,000 miembros de la Guardia Nacional, en lugar de cuidar nuestras ciudades, están cuidando la frontera sur.

 

Otro tema importante en el que la Coparmex ha sido protagonista desde siempre es el salario mínimo. ¿Cómo ves el tema salarial en México?

Durante 2016 en Coparmex lanzamos lo que se llamó la nueva cultura salarial, la cual parte de dos premisas: primero, que cualquier individuo que se desenvuelva en la economía formal, más allá de su capacitación, más allá de su antigüedad y de si tiene un trabajo de jornada completa, no viva en pobreza; segundo, que alcancemos lo que se denomina línea de bienestar familiar, que últimamente hemos resumido con la fórmula dos para cuatro: que el salario de dos personas —a veces un padre y una hija, a veces una madre y un hijo, a veces un padre y una madre— mantenga arriba de la línea de bienestar a una familia de cuatro. En la Coparmex trazamos una ruta —que nos costó mucho trabajo e incluso desencuentros con nuestros grupos empresariales— con la que logramos que todos los candidatos presidenciales hicieran suya la nueva cultura salarial, entre ellos el actual presidente, lo que derivó en que, pasadas las elecciones, el presidente suscribiera de manera contundente la propuesta de la Coparmex. Fue como llegamos a los 102 pesos con 68 centavos, un incremento mayor que el que se había tenido en cualquier momento previo en los últimos 26 o 27 años.

Fue un primer paso. Desde luego creemos que ese salario aún es insuficiente. Por eso estamos planteando dar pasos consistentes para llegar a la línea de bienestar familiar, lo cual implicaría un incremento a 291 pesos actuales mediante un avance lineal de aquí a 2024.

 

¿Cómo está impulsando Coparmex el desarrollo del país desde el sector empresarial y desde la sociedad civil?

En la Coparmex creemos que es muy importante hacer esta diferenciación que mencionaba al principio de la entrevista, de lo que está bien y hay que preservar, y de lo que está mal y hay que cambiar. Rechazamos las visiones que suponen que todo está mal y que hay que derrumbarlo y hacer algo nuevo. Las visiones maniqueas ya no caben en este país.

Cuando uno revisa nuestras cifras y las compara con las de las Naciones Unidas, la OCDE o el Foro Económico Mundial, se constata que el progreso del país, en general, es bastante bueno. Por eso yo he empezado a hablar de que tenemos un México ganador, lo cual significa que aunque tenemos que combatir a los cuatro jinetes del apocalipsis a que me refería hace un momento, si vemos la evolución del país a lo largo de las últimas décadas, tenemos una evolución sobresaliente a nivel global.

 

Finalmente, ¿cómo te gustaría ser recordado en la Coparmex y cómo te gustaría que te recordara tu país en el futuro?

Creo en las instituciones. La Coparmex es una institución que tiene 90 años de edad. Hemos contado con un gran legado de líderes que han hecho época. Aquí estuvieron Alfredo Sandoval, Andrés Marcelo Sada, Manuel Clouthier. Hemos tenido líderes muy combativos que han defendido con gran vehemencia los principios y los intereses del sector privado.

Yo aspiro a ser un digno heredero de esa tradición de liderazgo comprometido con el sector empresarial y también con mi país. Espero ser recordado como un presidente que tuvo la capacidad de mantener los principios y los valores de la Coparmex pero también de orientarla más hacia las causas sociales y comunitarias.

Hemos llevado a cabo muchas acciones que van en esa dirección. Hoy la Coparmex está ocupada en muchas agendas. Cotidianamente la puedes encontrar en cualquier estado de la República luchando contra la corrupción, promoviendo la integridad, las causas de la educación, el desarrollo inclusivo. Es una Coparmex interesada por las empresas, por lo que pasa en su seno, pero también muy ocupada en las causas de la comunidad.

 

 


 

 

Gustavo de Hoyos Walther es licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Baja California y en administración de empresas por Cetys-Universidad, donde hizo la maestría en Derecho corporativo e internacional.

Forma parte del Consejo Consultivo de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad y de la Comisión Ejecutiva del Consejo Coordinador Empresarial. Es director general de la empresa de servicios legales y consultoría De Hoyos y Avilés, así como vicepresidente de Desarrollo de Negocios de Sistemas Logísticos de México.

Ha sido consejero de Infonavit, Nafin, Inadem, Bancomext e Infonacot. En el ámbito educativo, preside el patronato de la Universidad Autónoma de Baja California por el periodo 2015-2020 y es consejero del Programa de Liderazgo Empresarial Internacional del Tecnológico de Monterrey, así como mentor para emprendimientos de alto potencial en el programa internacional Endeavor.

Es presidente nacional de la Confederación Patronal de la República Mexicana, de la que es socio desde 1994. Tras ocupar diversas posiciones a escala local, regional y nacional, fue electo presidente por unanimidad para el bienio 2016-2017, reelecto también de forma unánime para el ejercicio 2018 y ratificado unánimemente para un cuarto periodo en 2019.