El modelo liberal que propuso Adam Smith ha demostrado sus ventajas pero, también, sus desventajas: la promesa de que, al crear riqueza, ésta acabaría “derramándose” y beneficiando a todos los sectores de una sociedad fracasó de todas, todas. El liberalismo y la economía de mercado sin trabas resultaron ser muy útiles… para unos cuantos. Los niveles de desigualdad lo demuestran. En un mundo donde 2,000 personas poseen lo mismo que otros 4,600 millones, algo no funciona en los canales de distribución.
La alternativa que plantearon entonces algunos resultó peor: las revoluciones marxistas exterminaron a los ricos del ancien régime, lo mismo en Rusia, China, Cuba y Camboya, sólo para enriquecer a las nuevas élites. Que la riqueza cambiara de manos costó la vida y la libertad de millones de personas. En nombre de la igualdad y el bien común, las élites comunistas mantuvieron sometidos, desde entonces, manu militari, a millones de personas. Hay que ver la vida que se dan los castristas y chavistas en la Cuba y la Venezuela de hoy…
La que ha dado los mejores resultados es la socialdemocracia que, hoy día, caracteriza a países como Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia, donde hay un libre mercado acotado por un gobierno pequeño, pero enormemente eficaz. Libre mercado, sí, pero con una activa participación gubernamental que tan pronto estimula como aumenta impuestos en aras de mantener equilibrio y prosperidad.
Por lo anterior, resultó inquietante la declaración del presidente Andrés Manuel López Obrador, al asegurar que la crisis del coronavirus le caía como “anillo al dedo” a la Cuarta Transformación. “¿Celebra usted los contagiados y los muertos?”, le preguntaron por las redes sociales. El presidente no hizo aclaración alguna.
¿Será porque está convencido de que, en efecto, esta pandemia le cae como anillo al dedo a su proyecto? Si es así, este proyecto no es el neoliberal ni el socialdemócrata. Si de veras cree lo que dijo, debe tener en mente un modelo donde “los ricos”, a los que aborrece, se vayan de México y la pobreza se generalice a lo largo y ancho del país.
El temor se agudizó cuando, unos días después, anunció que, eventualmente, solicitaría apoyo a Cuba para que su gobierno, siempre generoso, nos enviara a “médicos” que pudieran asesorarnos. Fue el mismo modus operandi de Venezuela, cuando Chávez solicitó ayuda a Fidel Castro. Los “médicos” cubanos deben tener bastantes problemas que atender en su isla como para venir a brindarnos asesoría. Los que vendrán no serán médicos, se rumoreó en diversos foros.
Para rematar, el presidente anunció que el Banco de Bienestar adjudicaría directamente a la Secretaría de la Defensa Nacional la construcción de 2,700 sucursales bancarias para entregar dinero de programas sociales en todo el país. Más aún, que el ejército sería el responsable de cuidar quién entra y quién sale por los aeropuertos para evitar contagios. Estas concesiones al ejército, que se suman a otras muchas, como el aeropuerto de Santa Lucía, ya resultan inquietantes.
López Obrador es un hombre inteligente, responsable y bien intencionado. Está decidido a apoyar a los que menos tienen, lo cual es encomiable. Pero a su lado tiene, también, a grupos comunistas resentidos y trasnochados —para no ir más lejos, ahí está la disparatada propuesta del diputado Edelmiro Santos Díaz para que las Afores sean esquilmadas y “administradas” por el Banco del Bienestar— que lo presionan a diario para que aplique una agenda que nunca ha funcionado donde se ha aplicado (salvo para los “redentores de la patria", claro). Si de veras quiere ser recordado como un buen presidente, tendrá que olvidar proyectos como Dos Bocas (en 12 años no se ha construido una sola refinería en el mundo) y concentrarse en impulsar las energías renovables y en aplicar prácticas fiscales que han probado su éxito internacionalmente.
Combatir los niveles de desigualdad es urgente —estamos de acuerdo con él— pero esta tarea no es incompatible con el fortalecimiento de un país rico y vigoroso: de un Estado Constitucional de Derecho. Los bolcheviques que le ayudaron a ganar la elección deben ir quedando relegados.
Ángel M. Junquera Sepúlveda
Director