David Garay Maldonado (1950-2020)

Obituario Monte Alejandro Rubido Monday, 01 June 2020

 

El 29 de mayo David Garay Maldonado hubiese cumplido 70 años. Un agresivo cáncer se lo impidió justo un mes antes, el 29 de abril.

David desarrolló una vasta carrera como servidor público de excelencia, tanto en el ámbito federal como en el local en el Estado de México, que profesionalmente fue su entidad adoptiva.

Las áreas en las que se desempeñó nunca fueron fáciles ni cómodas, puesto que la mayor parte de su trayectoria estuvo vinculada a tareas de seguridad pública, prevención y readaptación social, y procuración de justicia.

Entre 1991 y 1993 fue director general de Reclusorios y Centros de Readaptación Social del Distrito Federal. Lo exitoso de su gestión le permitió ser designado secretario de Seguridad Pública de la capital del país en 1994, durante la última regencia, donde logró mejoras significativas para los policías.

De este encargo fue removido por un enfrentamiento policial con manifestantes magisteriales. Al anunciar su separación, el vocero presidencial (hay que recordar que el regente se encontraba fuera del país) reconoció que inicialmente fueron los manifestantes quienes incurrieron en acciones violentas. En la administración capitalina anterior, Garay había sido asesor del secretario general de Gobierno y del propio regente.

Por otra parte, en el Estado de México ocupó diversos encargos: comisionado de la Agencia de Seguridad; vocal ejecutivo del Centro de Análisis y Estrategia para el Combate Integral al Delito; presidente del Comité Estatal del Consejo de Participación Ciudadana de la PGR en el estado; subprocurador de Justicia, y procurador fiscal, entre otros.

En la administración federal 2012-2018 ocupó consecutivamente los cargos de titular de la Unidad de Gobierno en la Secretaría de Gobernación; abogado general de la Unidad Jurídica y comisionado para la Transparencia en la Secreataría de Desarrollo Sociail, así como oficial mayor de la Secretaría del Trabajo y Previsión Scoail, que a la postre fue su último encargo público.

Esta dilatada trayectoria en el servicio público estuvo acompañada de tareas docentes en la Facultad de Derecho de la Universida Nacional Autónoma de México (su alma mater, donde se graduó con mención honorífica). También fue catedrático en la Universidad Iberoamericana, en la Universidad Anáhuac, la Universidad Autónoma del Estado de México, en la Universdad Autónoma Metropolitana, en el Instituo Tecnológico Autónomo de México y el Instituto Nacional de Ciencias Penales.

Por otra parte, su inquietud intelectual lo llevó a participar en diversas actividades académicas, publicaciones y conferencias. Hay que recordar que fue articulista de la revista Siempre! desde el año 2000 hasta 2009. Su visión no sólo se restringía al ámbito jurídico, pues era bastante plural, ya que también realizó estudios de posgrado en Harvard y en la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres.

Más allá del servidor público de excelencia y sólido jurista, David Garay fue ante todo un gran ser humano.

Era un agudo analista y un ingenioso charlista. Sus amigos siempre recordaremos su gran sentido del humor, a veces sarcástico y otras ocasiones más negro, del que disfrutamos lo mismo en una comida que en una simple plática de pasillo.

Su estado físico era envidiable y hacía gala del mismo. Recuerdo que los recorridos en el edificio de la Secretaría del Trabajo los hacía subiendo las escaleras hasta el piso 16. Era muy difícil seguirle el paso.

Sin embargo, es digno de destacar un hecho que habla no sólo de su condición física, sino sobre todo de su bonhomía. Participó, junto con Itziar, en 67 carreras de cinco kilómetros en los últimos seis años, pero para participar en las mismas siempre demandó que éstas tuvieran una causa social.

Esa condición la mantuvo hasta que apareció el cáncer. La última vez que platiqué con él, en marzo, me comentó que las molestias que comenzó a sentir las atribuía a que, como lo hacía todos los años, había participado en el torneo de tenis navideño, y para ganar el pavo, que representaba el premio, tuvo que jugar varios partidos. Pensaba que lo que sentía sólo era fatiga. Pero no fue así: la enfermedad se empezaba a manifestar.

A David lo vamos a extrañar en las sesiones de trabajo, de análisis, pero también en las corridas de toros, en las comidas y en las reuniones sociales. Ya no tendremos sus consejos ni sus opiniones, pero siempre estaremos agradecidos de haber tenido el privilegio de ser amigos de un gran mexicano y, como ya lo señalé, de un ser humano excepcional.