Alfredo Sánchez Alvarado (1926-2020)

Obituario Enrique Larios Monday, 01 June 2020

 

Los días 12 de julio era festejado doblemente el maestro Alfredo Sánchez Alvarado: por su natalicio y por ser un abogado convencido de que su tarea de por vida era la defensa de trabajadores y sindicatos.

Nació en la Ciudad de México en 1926 y tuvo una infancia de carencias; desde temprana edad trabajó en empleos modestos y a la vez estudiaba en una secundaria nocturna para trabajadores por el rumbo de San Cosme, luego en la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, hoy Facultad de Derecho de la UNAM.

Por la urgencia de sus necesidades económicas decidió “doblar años” para concluir más rápido la carrera de licenciado en Derecho y recibirse, esfuerzo que le dio la oportunidad, durante cinco años, de colaborar como profesor adjunto del entonces alto funcionario de la Federación, Salomón González Blanco.

Cumplido el cargo honorífico y contra la resistencia de algunos académicos de inclinación patronal, tuvo la oportunidad de ser profesor titular de la materia de Derecho del trabajo, mediante el nombramiento que le extendió el doctor Roberto Luis Mantilla Molina, director de la Facultad de Derecho de la UNAM (1954-1958).

Sánchez Alvarado fue un profesor singular durante más de 60 años. Hombre estudioso y de conocimiento profundo, puntual y asiduo a su cátedra, explicaba con paciencia y didáctica, era respetuoso, ameno pero muy exigente; no escatimaba en brindar una sonrisa, era atentísimo, de un trato fino con el alumnado y con sus compañeros universitarios.

Con esos delicados pero firmes atributos, don Alfredo forjó en sí mismo la excelencia de las grandes personalidades universitarias. Además, su experiencia en el litigio llevada a la docencia hacía que sus disertaciones y sus razonamientos fueran especialmente valorados en su casa de estudios; buena fama que trascendió las aulas.

En su práctica profesional se condujo con principios éticos; argumentaba que él no tenía “clientes” y que su defensa jurídica era un patrocinio o un asesoramiento a la gente que vive de prestar su fuerza de trabajo o a las organizaciones sindicales de aquélla.

Sánchez Alvarado no armonizaba con el ambiente político; sin embargo, en la segunda mitad de los años sesenta del siglo XX empezó a formarse el Partido de la Patria Nueva, encabezado por Carlos Madrazo, del cual don Alfredo fungía como secretario general. Además, el domicilio de su despacho jurídico en la colonia Anzures, era utilizado por esa organización política. Toda aquella experiencia concluyó con el desplome del avión en el que perdieron la vida el líder tabasqueño, los pasajeros y la tripulación del vuelo, al que el abogado laboralista, debido a una huelga estallada que él asesoraba, no pudo llegar a tiempo para abordarlo. La noche en que los noticiarios daban cuenta del siniestro aéreo, gente cercana a su familia llamó por teléfono, expresando sus condolencias.

Por otra parte, la trinchera del litigio lo condujo a asesorar jurídicamente la fundación de varios sindicatos de trabajadores, como los de Notimex; Fondo de Cultura Económica; Industria Cementera, Concreto y Similares de la República Mexicana; Nacional de Obreros del Comercio en General de la República Mexicana; Industria Manufacturera y Transformadora de Metales de la República Mexicana; Industria Automotriz del Estado de Aguascalientes... Logró especialmente el registro y la toma de nota del primer sindicato de trabajadores de confianza, correspondiente a la Constructora Nacional de Carros de Ferrocarril. No obstante haberse expedido los documentos ajustados a la legalidad, el modelo autoritario de gobierno inició la represión de la directiva sindical, mediante averiguaciones penales que llevaron a los miembros del comité ejecutivo y al asesor laboral a los “separos” de la Procuraduría General de la República. El rector Guillermo Soberón intervino, a solicitud del entonces licenciado José Dávalos, y en consideración a su calidad universitaria fue puesto en libertad el profesor Sánchez Alvarado.

Su espíritu rebelde y su conocimiento del Derecho y de las injusticias, así como de las desviaciones del poder, lo condujeron a dictar conferencias agudas, críticas, propositivas y siempre de tendencia obrerista, compartiendo foros internacionales o nacionales con Mario de la Cueva, Víctor Mozart Rusomano, Enrique Álvarez del Castillo, Américo Plá, José Dávalos, Óscar Ermida, Jesús Campos Linas, Héctor Hugo Barbagelata, Óscar Alzaga, Héctor Arturo Mercado... pero también escribió artículos y colaboraciones para obras colectivas, así como su libro Instituciones de Derecho del trabajo. Por sus méritos académicos, durante el rectorado del doctor Jorge Carpizo (1985-1989) obtuvo la plaza de profesor de carrera de la UNAM.

Alfredo Sánchez Alvarado siempre vivió sin ostentaciones ni escándalos, pero sobre todo se cuidó de no hacer alarde de sus victorias jurídicas ni de sus galardones académicos.

Fue miembro de número de la Academia Iberoamericana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social; del Colegio de Profesores de Derecho del Trabajo de la UNAM, siendo recipiendario de la presea Mario de la Cueva; de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, institución que le impuso la medalla Emilio Krieger. También fue condecorado por el Tribunal Superior del Trabajo de Brasil y por el Congreso de la Ciudad de México.

Cuando rebasó los 65 años de edad, bromeaba con el alumnado y, parafraseando un dicho mexicano, les decía: “Cómo se ven me vi, y como me ven, a ver si llegan”.

Hasta su casi inadvertida defunción, el 2 de marzo de 2020, practicó cinco virtudes: la verdad, el humanismo, la sencillez, la humildad y el agradecimiento.