La sentencia que se impuso a Sergio Aguayo de pagar 10 millones de pesos por afirmar que Humberto Moreira destilaba un “hedor corrupto” parece ridícula. Peor aún: desproporcionada. El fallo judicial, sin embargo, revivirá el debate sobre los alcances de la libertad de expresión: ¿en ejercicio de ésta pude desprestigiarse a quien nos dé la gana? Los bandos están divididos. Algunos piensan que todo se vale en nombre de esta libertad. Otros, no obstante, creen que, incluso, hay que volver a castigar con prisión a quien lo haga: “El honor es un bien jurídicamente protegido”, aducen.
Ninguna persona honesta consideraría desatinado indicar los contenidos de azúcares, grasas y calorías que contiene cada alimento que se pone a la venta. Así se hace en los países desarrollados y esto permite que las personas sepan qué están consumiendo y elijan su dieta de manera informada. En México, sin embargo, algunos empresarios tienen pavor a la NOM-051, que ordena un etiquetado eficaz en bebidas y alimentos. El Consejo Nacional Agropecuario (CNA) decidió interponer un amparo frente a dicha Norma Oficial pues, adujo, provocará una caída en las ventas de bebidas y alimentos. ¿Tanta basura nos habrán estado vendiendo sin que nos diéramos cuenta?
Con una inspiración que raya en lo genial, el senador Martí Batres advirtió que hay tanto extorsionador telefónico que lo único que puede hacerse es dictar prisión preventiva para todos. ¿Nadie le habrá dicho a nuestro ínclito legislador que buena parte de las extorsiones telefónicas provienen, precisamente, de quienes ya están tras las rejas?
Si hay una unidad especializada que ha funcionado bien en la Fiscalía General de la República, ésta es la de Investigación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita y Falsificación o Alteración de Moneda, a cargo de Anselmo Mauro Jiménez Cruz. Su titular se ha caracterizado por el rigor en las investigaciones que realiza, con los más estrictos recursos de la técnica jurídica. Los golpeteos que recientemente ha recibido parecen dar testimonio de ello: muchos afectados potenciales están perdiendo el sueño.
Tiene razón José Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, cuando advierte que de nada sirve el crecimiento económico si no va acompañado de bienestar social. De poco sirve que un padre de familia aumente sus ahorros e incremente sus inversiones a costa de que sus hijos estén enfermos y malnutridos. La ecuación no parece sensata, por más que los discursos la califiquen de tal y prometan paraísos en 100 años. La desaceleración económica tiene sus ventajas y el presidente Andrés Manuel López Obrador lo ha entendido bien.
Rafael Anzures, egresado de la Escuela Libre de Derecho, fue elegido presidente del Tribunal Federal de Justicia Administrativa. Como todo órgano colegiado, este tribunal está lleno de vanidades y de luchas internas entre quienes no se avienen a que uno de sus iguales administre y tenga el mando. Pero —dicen— las grillas son más intensas en el tribunal. Deseémosle suerte a Anzures.
Ricardo Sodi Cuéllar, otro egresado de la Libre de Derecho, fue elegido presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México. Quienes saben del asunto aseguran que aquí la grilla es menos violenta. Una felicitación para el antiguo director de la Escuela de Derecho de la Universidad Anáhuac que, ahora sí, tendría que olvidarse un tiempo de la vida académica… ¿O no?
¿Qué se propondría el INAI cuando pidió que se dieran a conocer “las causas graves” que orillaron a Eduardo Medina Mora a renunciar a su sitial en la Suprema Corte? El artículo 98 de la Constitución no hace precisiones al respecto. Cuando un Justice de Estados Unidos renuncia y dice que lo hace “por motivos de salud”, se considera una causa justificable. No tiene que señalar “Alzheimer”, “depresión” o “demencia senil”. Si un ministro mexicano señala “motivos personales”, ¿hay mucho que aclarar? Explicar “fui presionado”, “fui amenazado” o “perdí el entusiasmo” podría ser un dato confidencial.
Hay que felicitar a Luis Raúl González por su designación como coordinador del Programa Universitario de Derechos Humanos que, durante los últimos ocho años, encabezó Luis de la Barreda con éxito notable. Tras su paso por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez volvió a su casa con un considerable bagaje en la materia. Pero hay que felicitar, también, a Enrique Graue, rector de la Universidad Nacuional Autónoma de México, por este oportuno fichaje.
Hablando de la UNAM, nadie niega la importancia de las movilizaciones que han efectuado diversos colectivos feministas para defender los temas de género. Los movimientos extremistas, sin embargo, lejos de ayudar a la causa podrían perjudicarla. El rector Graue ha dicho que, en el caso de la Facultad de Filosofía y Letras, la situación “amenaza con la pérdida del semestre”. En el ínterin, en la UNAM se siguen recibiendo propuestas para que sólo asistan a clases matutinas las mujeres y para que las tardes se dediquen, exclusivamente, “a los violentos machos”.
El que anda de plácemes es Raúl Contreras, director de la Facultad de Derecho de la UNAM, porque el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología acaba de dar el reconocimiento de calidad integral a la Revista de la Facultad de Derecho, que dirige Jorge Fernández Ruiz. Si a esto sumamos que el abogado veracruzano está a punto de recibir un segundo doctorado —ahora en la Universidad de Salamanca— y que, próximo a su informe de labores, ha logrado convertir a la Facultad de Derecho en una de las principales interlocutoras de la comunidad jurídica de América Latina, se explica su satisfacción.
Aunque lo ideal sería que cada entidad federativa contara con una justicia confiable, esto no ocurrirá mientras los presidentes de los tribunales superiores sigan dependiendo de sus gobernadores y hasta colgando sus fotos en sus oficinas. Por ello, la justicia federal sigue siendo la última esperanza de quienes llegan a tener un conflicto con los caciques locales. Esto, sin embargo, implica que no estamos viviendo apropiadamente el federalismo.