Marta Lamas
Fondo de Cultura Económica, México, 2018
Los movimientos feministas en contra del acoso y la violencia sexual han adquirido relevancia en el discurso político e institucional, tanto en México como en el mundo. La corriente estadounidense #MeToo, que denunció un cúmulo de acusaciones de acoso sexual contra Harvey Weinstein, fue el punto de partida que dio voz a innumerables mujeres.
Si bien es cierto que existe un fenómeno de violencia y machismo —sobre todo en México—, también lo es que el discurso del acoso ha caído en el exceso de proteger a las propias mujeres de su emancipación para “encadenarlas mejor a un estatus de víctimas eternas, de pobres cositas bajo el control de demonios falócratas”, como lo denunciaron en la revista Le Mode distintas escritoras, artistas y psicoanalistas francesas.
A partir de esa discusión Marta Lamas analiza el discurso del acoso para exponer que actualmente no todas las denuncias que se han dado a conocer son parte del fenómeno, sino que éste es confundido con el libre ejercicio de la sexualidad, tanto femenina como masculina, lo cual genera un naciente puritanismo que confronta a los sexos e instaura una nueva violencia simbólica, donde la mujer se transforma en una víctima eterna del hombre.
En su libro Acoso. ¿Denuncia legítima o victimización?, Lamas escribe: “En la actualidad, la confrontación feminista en las guerras en torno a la sexualidad se ha agudizado debido a la gran influencia que tienen las governance feminist que comparten la perspectiva de las dominance feminists […] Estas activistas de alto nivel intervienen en las decisiones gubernamentales y en la construcción de leyes nacionales e internacionales […] Han logrado diseñar e instalar protocolos de criminalización de la violencia sexual y denuncian los efectos negativos de esta tendencia feminista, que guía sus intervenciones políticas […] Así se va extendiendo paulatinamente esa nefasta suposición de que todas las mujeres son víctimas en potencia y que todos los varones son perpetradores potenciales”.
La autora reconoce que el machismo en México es una terrible realidad. Pero su objetivo no es analizar los fenómenos de desigualdad que imperan en el país, sino atender al discurso y a la construcción de una idea que termina por transformar el problema del acoso en un constructo hegemónico de poder que reduce la sexualidad y las dinámicas sociales en un simple acto de explotación. De ahí que se pregunte: ¿cuáles son los efectos del poder inducidos por la retórica del acoso?
Lamas afirma que el discurso político de las denominadas governance feminists genera una narrativa en que la mujer es calificada a través de tres elementos: la inocencia, el daño que sufren y la inmunidad de los hombres. Lo anterior niega la posibilidad de que una mujer ejerza poder y, por el contrario, las somete y las opone contra el hombre. De ahí que también se incida en los recientes escándalos de acoso denunciados por mexicanas del mundo del espectáculo y se revise cómo los discursos de abuso sexual y hostigamiento aparecen en las leyes. Esto, con el fin de atender cómo es que actualmente la narrativa se encuentra acompañada de expresiones políticas, mediáticas y jurídicas.
Es así como Acoso. ¿Denuncia legítima o victimización? realiza un análisis en el que se desmenuza el discurso social, distinguiendo las posturas de los distintos feminismos y exponiendo cómo la idea de violencia sexual que se instaura en la esfera del poder termina por distanciarse del fenómeno, adoptando una bandera que se aleja del verdadero feminismo y cobra nacientes víctimas: “#MeToo ha provocado en la prensa y en las redes una campaña de delaciones y de inculpaciones públicas de individuos a quienes, sin que se les permita la posibilidad de responder ni de defenderse, han sido colocados en el mismo plano que los agresores sexuales. Esta justicia expedita ya tiene sus víctimas, hombres sancionados en el ejercicio de su oficio, obligados a la renuncia, cuando han tenido como error tocar una rodilla, intentar robar un beso, intentar hablar de cosas ‘íntimas’ después de una cena profesional o de haber enviado mensajes de connotación sexual a una mujer con la cual la atracción sexual no era recíproca”. ¿Dónde está el límite entre la legítima denuncia de la violencia sexual y la victimización? Marta Lamas explora la respuesta en esta obra.
Alejandra Silva Carreras